Sólo para frikis: “Baloncesto y música” (1979)

4 Abril, 2008

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Me hablaba el otro día Joan (“Iiki”), que siempre tiene a mano una curiosidad baloncestística para amenizar cualquier conversación, de una película protagonizada por Julius Erving a finales de los setenta. Confieso que no tenía ni idea de que tal cosa existiera. Al parecer la peli se llamaba The Fish that Saved Pittsburgh, aunque en España se conoció, en su paso por videoclubs, como Basket Music. Picado por la curiosidad, empecé a navegar por las procelosas aguas de la Red y, con más facilidad de la prevista, acabé encontrando una (bastante decrépita) copia de la película con su doblaje castellano original. Dicho y hecho, me dispuse a echarle un vistazo…

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Moisés Guthrie no es muy apreciado por sus compañeros…

… y la verdad es que es una película que no puede dejar indiferente a nadie. El argumento es tan disparatado que sólo puede haber salido de un cerebro bajo efectos lisérgicos (o, bien pensado, de alguien que haya visto demasiados partidos de los Miami Heat este año). La acción da comienzo cuando los imaginarios Pitones de Pittsburgh tocan fondo como equipo de baloncesto. Están jugando mal y muchos lo achacan a Moisés Guthrie (el Dr. J), el jugador mejor pagado de la plantilla, con un millón de dólares, y que al parecer no está dando la talla. Con el ambiente enrarecido a más no poder, incluso Guthrie empieza a perder la esperanza, por muchos ánimos que le dé Tyron, un niño que acompaña al equipo allá donde va. El tal Tyron, por cierto, es un trasunto del inolvidable Arnold, pero en repelente, y está interpretado por un chaval que se llamaba James Bond III en la vida real… ¡y no es broma! Entonces Tyron tiene una idea “genial”: está convencido de que el equipo no funciona por incompatibilidades astrológicas, de manera que acude a una vidente, Mona Mondieu (¡toma nombre!), para que busque una solución al bache del equipo. Mona (quien, por cierto, es Stockard Channing, la inolvidable Rizzo de Grease) coincide con el niño, y los dos deciden hacer limpieza en el vestuario, dejar sólo a Guthrie, que es piscis, y rodearle de una plantilla formada por jugadores del mismo signo.

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Mona Mondieu (Stockard Channing), la “vidente del baloncesto”

Por algún extraño motivo que no se explica en la película, el plan tiene éxito: la plantilla se renueva al completo y, como si de un Operación Triunfo baloncestístico se tratara, se convocan unas pruebas abiertas a las que se puede presentar cualquier jugador. Naturalmente, el criterio para elegirlos será su signo astrológico y no su calidad, de manera que la plantilla resultante roza la oligofrenia baloncestística: además del Dr. J, encontramos, entre otros, un blanquito de metro y medio de estatura, un base mudo (híbrido perfecto de Baron Davis y Nick Van Exel), un indio (con plumas), una especie de converso al Islam que juega con turbante y gafas de sol y un reverendo. Todos ellos forman una estampa hilarante y alegremente filogay como sólo podría darse en los setenta. Pero la química entre ellos es inmediata, y el equipo experimenta un resurgir inmediato, convirtiéndose en la revelación en lo que queda de temporada. De hecho, el dueño decide incluso cambiarles el nombre y llamarlos los Piscis de Pittsburgh. Y en cada partido, Mona y Tyron están en la banda, aconsejando al equipo qué hacer en cada momento, como si fuera lo más normal del mundo.

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La plantilla al completo de los Piscis de Pittsburgh

La remontada culmina en el partido más importante de la temporada, en el que los Piscis se enfrentan a un equipo de Los Ángeles en el que, curiosamente, juega Kareem Abdul-Jabbar (que hace de sí mismo). Pero los Piscis lo tienen todo en contra, por dos motivos: primero, porque por primera vez en 20 años se ha producido una configuración astral contra la que nada puede hacer el signo del pez. Y segundo, porque el hermano del dueño de los Piscis, celoso de su éxito, ha secuestrado a Mona para que no pueda dar sus sabios y cabalísticos consejos al equipo. Mona, sin embargo, logra escaparse, y aunque llega tarde al partido, entre sus consejos, un alentadora arenga del Dr. J y algunas triquiñuelas del impagable Tyron, los Piscis ganan el partido con una canasta en el último segundo. La canasta, naturalmente, la mete el Dr. J. Sí, el desenlace es tan absurdo como el resto de la película… e igual de encantador.

Cinematográficamente, la película es infumable. Tiene escenas absurdas en cantidad, como la discusión filosófica entre Tyron y Guthrie mientras el primero, menor de edad, conduce tranquilamente su Rolls Royce por la ciudad mientras convence a Erving de la aplastante lógica de su plan astral. Sin embargo, también es cierto que tiene ciertos atractivos ocultos. El primero es la mezcla perfecta de baloncesto y música que nos presenta. La película cuenta con una fantástica banda sonora setentera con un temazo tras otro, utilizados para ambientar unas escenas de baloncesto totalmente videocliperas. Destaca la breve incursión romántico-deportiva que protagoniza el Dr. J en una cancha callejera, realizando mate tras mate mientras le explica a la hermana mayor de Tyron que no es el jugador malcriado que todos le consideran. Eso sí, Erving debió de acabar con los pies escocidos: ¡se pega como cuarenta mates con ropa de calle y zapatos!

Así pues, la película no engaña a nadie y, efectivamente, nos ofrece baloncesto y música. El otro atractivo consiste en descubrir los numerosos cameos de jugadores profesionales de la época que aparecen en la película. Además de Julius Erving y Kareem-Abdul Jabbar, descubrimos que el reverendo es nada menos que Meadowlark Lemon, líder de los Harlem Globetrotters, mientras que en los diversos equipos con los que se van enfrentando los Piscis-Pitones se ocultan personajes como Bob Lanier, Spencer Haywood, Connie Hawkins o Cedric Maxwell, entre otros.

Ésas son sin duda las dos virtudes de Basket Music. ¿Vale la pena su visionado? Que lo decida cada uno. Algunos lo considerarán una pérdida de tiempo, pero otros quedarán fascinados por su mezcla de baloncesto, música, astrología y horterismo estético (los uniformes y las canchas dan una grima que pa qué). Y es que, como dice Tyron, “La astrología puede ser para el básket lo que la iluminación para el fúbtol nocturno”. ¿Que no comprendéis la frase? Ya, yo tampoco. Ni, ya puestos, tampoco el resto de la peli… ¿pero qué más da?

Para quienes no quieran (o puedan) ver la peli entera, he aquí un extracto sacado de Youtube. Es una lástima porque no incluye la música de la peli, pero bueno. Para los melómanos, también pongo abajo otro vídeo con el tema Moses, y con la imagen fija de póster de la peli.


Pasen y vean: Gordon y Hughes tumban a los Cavs

4 Abril, 2008

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Pues sí, hoy había jornada breve e insulsa, con sólo tres partidos anodinos, pero al menos uno de ellos nos ha servido para ver cómo los Cavs del “gran candidato al MVP”, Lebron James, mordían el polvo… a manos de los Chicago Bulls y de Larry Hughes y Ben Gordon. Estos dos jugadores personalizan buena parte de lo que han sido los Bulls esta temporada: irregulares, capaces de lo mejor y de lo peor y, en cierta medida, sobrevalorados (sobre todo Hughes). Pero los dos debieron de ponerse de acuerdo ayer para dar su cara buena y ganar a los Cleveland Cavaliers de James. Y eso que los Bulls no tenían nada que ganar, y perdían de 17 puntos en la primera parte. Pero Hughes metió 19 de sus 25 puntos en la segunda mitad, y Gordon encestó 5 tiros libres clave en el clutch time para acabar venciendo por 101-98 a los Cavs. James metió 33 puntos, pero sus dolores de espalda (los clásicos “back spasms”) le limitaron a un punto en el último cuarto, en el que falló todos sus tiros de campo. En el caso de Hughes, traspasado hace poco a los Bulls precisamente desde los Cavs, fue un dulce partido de venganza… y el único motivo de alegría en las últimas semanas, porque su rendimiento en los Bulls tampoco ha sido precisamente para tirar cohetes…

En el resto de partidos de la noche, los Houston Rockets ganaron 95-86 a los Portland Trail Blazers, con 35 puntos de Tracy McGrady, y en el partido de la basura de la jornada, Sacramento ganó 110-98 a Los Angeles Clippers, pese al 3/10 en tiros de campo de Ron Artest. Claro, como a estas alturas de temporada ya no puede pedir un traspaso…

Y para compensar tan magra crónica, anuncio que esta tarde intentaré subir algo entre divertido y casposo, sólo apto para NBA-frikis…


Basile, sin más

4 Abril, 2008

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Gianluca Basile. Ése es el nombre, la enorme figura que ha dominado el partido del Palau Blaugrana esta noche entre AXA Barcelona y Maccabi de Tel Aviv. En el segundo partido de la eliminatoria de cuartos de final de la Euroliga, al Barcelona sólo le valía la victoria para forzar el partido de desempate en el Nokia Arena. Y la verdad es que, por primera vez en bastante tiempo, el equipo ha estado a la altura de las expectativas. El equipo israelí ha plantado cara, yendo tal vez de más a menos, y con el papel estelar de Omri Casspi, un joven nacional con muy buenas maneras (y que vive al 150% cada jugada) que desde un buen principio ha puesto en apuros al equipo de Xavi Pascual. Pero tras un primer cuarto igualado (23-22), todas las preocupaciones del Barcelona han empezado a quedar atrás a medida que la figura de Gianluca Basile iba emergiendo progresivamente hasta convertirse en dominador único del encuentro, en lo que los americanos llaman un career game.

Ha sido un partido francamente bonito, abierto y trepidante, y en el segundo cuarto ya ha quedado claro que nadie iba a especular. A una canasta de un equipo respondía de inmediato el otro, con la diferencia de que Maccabi esta noche no ha contado con tantas referencias ofensivas como en el primer partido, y sólo Casspi y Terence Morris parecían capaces de dar la réplica al constante flujo de anotación azulgrana. Will Bynum, tan importante en el primer partido, andaba algo desaparecido, pero aun así Maccabi no se marchaba del partido. Ha sido entre el segundo cuarto y el tercero cuando Basile ha acabado de engrasar su maquinaria y ha empezado un auténtico festival de triples y anotación que ya se ha prolongado hasta el final del partido, al que ha llegado con 34 puntos en su haber y la afición del Palau rendida a sus pies.

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Y aun así, pese a los puñales lanzados desde más allá de los 6,25 por el italiano, pese a su defensa, pese a sus penetraciones culminadas en bandeja, el Maccabi no se ha dado por vencido hasta muy al final. Primero, porque las diferencias nunca han acabado de ser del todo definitivas, y también porque los israelitas siempre encontraban algún triple providencial (como el que ha metido Bynum en el último suspiro del tercer cuarto) que les permitiera volver a soñar con la victoria. Pero no había opción. Gianluca no estaba dispuesto a permitirlo, y de inmediato una acción suya volvía a poner las cosas en su sitio. Y si no era suya, era de alguna de las alternativas ofensivas que hoy ha tenido el Barcelona, fuera Pepe Vázquez, Mario Kasun o Roger Grimau, que hoy todos ellos han puesto su granito de arena cuando ha sido necesario. Al final, cuando ya estaba claro que habría un tercer partido, el Maccabi por fin ha bajado los brazos, reconociendo el 83-74 definitivo. Basile ha terminado con 34 puntos, 5 rebotes, 2 robos, 1 asistencia, 1 tapón y 31 de valoración, y ha batido el récord de anotación en un partido de cuartos de final de Euroliga, hasta ahora en manos de Luis Scola. En el Maccabi, Casspi ha metido 18 puntos y cogido 10 rebotes, terminando con 27 de valoración.

El Barcelona ha conseguido lo más difícil, que es volver al Nokia Arena con ventaja moral. El equipo estará eufórico tras la victoria de hoy, y bien que le hará falta esa euforia para afrontar un partido que se adivina muy duro, con un ambiente infernal y un Maccabi que, sin duda, saldrá a morder. También se espera que jugadores que hasta ahora han pasado desapercibidos en la serie (¿he oído Lakovic?) den un paso al frente. Basile metió 19 puntos el martes y 34 hoy. ¿Culminará la serie con otro partido memorable?

No ha habido suerte en el otro partido con equipo español, y el TAU ha perdido (y además de paliza, 76-55) en su visita a la cancha del Partizán Igokea. En un campo lleno hasta la bandera y recurriendo a la defensa como principal argumento (dejar al TAU en 55 puntos tiene mucho mérito), el Partizán ha contado con Nikola Pekovic (19 puntos) y Novica Velickovic (17) como principales armas ofensivas. En un TAU maniatado y que se ha quedado en un paupérrimo 38% en tiros de campo, sólo Igor Rakocevic (15 puntos) ha estado a la altura. Esperemos que sólo sea un bache y en el tercer partido, en el Fernando Buesa Arena, el TAU vuelva a ser el de los últimos partidos.

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El otro foco de atención estaba en Grecia, adonde acudía un CSKA de Moscú contra las cuerdas tras haber perdido en casa con Olympiacos. El gran favorito para ganar el torneo ha hecho valer sus galones y ha ganado de 10 puntos, 73-83, gracias al buen partido del trío formado por Siskauskas (20 puntos y 4 triples), Smodis (17 puntos) y Theodoros Papaloukas (7 puntos, 7 asistencias, 2 robos y siendo decisivo en el último cuarto). En Olympiacos sólo Qyntel Woods y Giorgios Printezis han dado la réplica, con 19 y 17 puntos, pero el equipo ha notado muchísimo el bajón anotador de Lynn Greer, decisivo el primer partido, que se ha quedado en 8 puntos. Los rusos deberán refrendar su buena actuación en el tercer partido, de nuevo en Moscú.

Por último, pero no menos importante, Montepaschi Siena se convierte en el primer clasificado para la Final Four de Madrid tras apalizar a domicilio (65-86) al Fenerbahce Ulker. Al igual que en la ida, Bootsy Thornton y Kristof Lavrinovic (este último letal desde la línea de tres, con un 4/4 inmaculado) han sido decisivos con 18 puntos por cabeza. Ojito con los italianos, que nadie contaba con ellos y se han colado los primeros en la fase final de Madrid. A ver si no van a dar una sorpresa a más de uno…

Los terceros partidos de las tres eliminatorias que quedan abiertas se jugarán el jueves que viene.