Me hablaba el otro día Joan (“Iiki”), que siempre tiene a mano una curiosidad baloncestística para amenizar cualquier conversación, de una película protagonizada por Julius Erving a finales de los setenta. Confieso que no tenía ni idea de que tal cosa existiera. Al parecer la peli se llamaba The Fish that Saved Pittsburgh, aunque en España se conoció, en su paso por videoclubs, como Basket Music. Picado por la curiosidad, empecé a navegar por las procelosas aguas de la Red y, con más facilidad de la prevista, acabé encontrando una (bastante decrépita) copia de la película con su doblaje castellano original. Dicho y hecho, me dispuse a echarle un vistazo…
… y la verdad es que es una película que no puede dejar indiferente a nadie. El argumento es tan disparatado que sólo puede haber salido de un cerebro bajo efectos lisérgicos (o, bien pensado, de alguien que haya visto demasiados partidos de los Miami Heat este año). La acción da comienzo cuando los imaginarios Pitones de Pittsburgh tocan fondo como equipo de baloncesto. Están jugando mal y muchos lo achacan a Moisés Guthrie (el Dr. J), el jugador mejor pagado de la plantilla, con un millón de dólares, y que al parecer no está dando la talla. Con el ambiente enrarecido a más no poder, incluso Guthrie empieza a perder la esperanza, por muchos ánimos que le dé Tyron, un niño que acompaña al equipo allá donde va. El tal Tyron, por cierto, es un trasunto del inolvidable Arnold, pero en repelente, y está interpretado por un chaval que se llamaba James Bond III en la vida real… ¡y no es broma! Entonces Tyron tiene una idea “genial”: está convencido de que el equipo no funciona por incompatibilidades astrológicas, de manera que acude a una vidente, Mona Mondieu (¡toma nombre!), para que busque una solución al bache del equipo. Mona (quien, por cierto, es Stockard Channing, la inolvidable Rizzo de Grease) coincide con el niño, y los dos deciden hacer limpieza en el vestuario, dejar sólo a Guthrie, que es piscis, y rodearle de una plantilla formada por jugadores del mismo signo.

Mona Mondieu (Stockard Channing), la “vidente del baloncesto”
Por algún extraño motivo que no se explica en la película, el plan tiene éxito: la plantilla se renueva al completo y, como si de un Operación Triunfo baloncestístico se tratara, se convocan unas pruebas abiertas a las que se puede presentar cualquier jugador. Naturalmente, el criterio para elegirlos será su signo astrológico y no su calidad, de manera que la plantilla resultante roza la oligofrenia baloncestística: además del Dr. J, encontramos, entre otros, un blanquito de metro y medio de estatura, un base mudo (híbrido perfecto de Baron Davis y Nick Van Exel), un indio (con plumas), una especie de converso al Islam que juega con turbante y gafas de sol y un reverendo. Todos ellos forman una estampa hilarante y alegremente filogay como sólo podría darse en los setenta. Pero la química entre ellos es inmediata, y el equipo experimenta un resurgir inmediato, convirtiéndose en la revelación en lo que queda de temporada. De hecho, el dueño decide incluso cambiarles el nombre y llamarlos los Piscis de Pittsburgh. Y en cada partido, Mona y Tyron están en la banda, aconsejando al equipo qué hacer en cada momento, como si fuera lo más normal del mundo.
La remontada culmina en el partido más importante de la temporada, en el que los Piscis se enfrentan a un equipo de Los Ángeles en el que, curiosamente, juega Kareem Abdul-Jabbar (que hace de sí mismo). Pero los Piscis lo tienen todo en contra, por dos motivos: primero, porque por primera vez en 20 años se ha producido una configuración astral contra la que nada puede hacer el signo del pez. Y segundo, porque el hermano del dueño de los Piscis, celoso de su éxito, ha secuestrado a Mona para que no pueda dar sus sabios y cabalísticos consejos al equipo. Mona, sin embargo, logra escaparse, y aunque llega tarde al partido, entre sus consejos, un alentadora arenga del Dr. J y algunas triquiñuelas del impagable Tyron, los Piscis ganan el partido con una canasta en el último segundo. La canasta, naturalmente, la mete el Dr. J. Sí, el desenlace es tan absurdo como el resto de la película… e igual de encantador.
Cinematográficamente, la película es infumable. Tiene escenas absurdas en cantidad, como la discusión filosófica entre Tyron y Guthrie mientras el primero, menor de edad, conduce tranquilamente su Rolls Royce por la ciudad mientras convence a Erving de la aplastante lógica de su plan astral. Sin embargo, también es cierto que tiene ciertos atractivos ocultos. El primero es la mezcla perfecta de baloncesto y música que nos presenta. La película cuenta con una fantástica banda sonora setentera con un temazo tras otro, utilizados para ambientar unas escenas de baloncesto totalmente videocliperas. Destaca la breve incursión romántico-deportiva que protagoniza el Dr. J en una cancha callejera, realizando mate tras mate mientras le explica a la hermana mayor de Tyron que no es el jugador malcriado que todos le consideran. Eso sí, Erving debió de acabar con los pies escocidos: ¡se pega como cuarenta mates con ropa de calle y zapatos!
Así pues, la película no engaña a nadie y, efectivamente, nos ofrece baloncesto y música. El otro atractivo consiste en descubrir los numerosos cameos de jugadores profesionales de la época que aparecen en la película. Además de Julius Erving y Kareem-Abdul Jabbar, descubrimos que el reverendo es nada menos que Meadowlark Lemon, líder de los Harlem Globetrotters, mientras que en los diversos equipos con los que se van enfrentando los Piscis-Pitones se ocultan personajes como Bob Lanier, Spencer Haywood, Connie Hawkins o Cedric Maxwell, entre otros.
Ésas son sin duda las dos virtudes de Basket Music. ¿Vale la pena su visionado? Que lo decida cada uno. Algunos lo considerarán una pérdida de tiempo, pero otros quedarán fascinados por su mezcla de baloncesto, música, astrología y horterismo estético (los uniformes y las canchas dan una grima que pa qué). Y es que, como dice Tyron, “La astrología puede ser para el básket lo que la iluminación para el fúbtol nocturno”. ¿Que no comprendéis la frase? Ya, yo tampoco. Ni, ya puestos, tampoco el resto de la peli… ¿pero qué más da?
Para quienes no quieran (o puedan) ver la peli entera, he aquí un extracto sacado de Youtube. Es una lástima porque no incluye la música de la peli, pero bueno. Para los melómanos, también pongo abajo otro vídeo con el tema Moses, y con la imagen fija de póster de la peli.



Escrito por Pistolero 
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