Leyendas del baloncesto: Oscar Robertson

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Aunque poca gente lo sepa (o lo recuerde) en la actualidad, los Milwaukee Bucks, hoy en día un equipo segundón en la NBA, también tuvieron sus días de gloria. De hecho, incluso tienen en su posesión un anillo, ganado en la temporada 70-71. En aquellos Bucks jugaba un joven llamado Lew Alcindor, conocido años más tarde como Kareem Abdul-Jabbar, y también el único jugador en toda la historia de la NBA que ha promediado un triple doble a lo largo de toda una temporada: un base de 1,95 metros llamado Oscar Robertson.


Oscar Robertson, más conocido como “Big O”, nació y creció en Indiana, una zona complicada para ser un afroamericano a mediados del siglo pasado. Criado en el seno de una familia muy pobre, el pequeño Oscar decidió dedicarse al baloncesto, y no al béisbol, como casi todos los otros niños, porque era un deporte para pobres. De hecho, como su familia no podía permitirse ni siquiera comprar un balón, Oscar practicaba lanzando pelotas de tenis o bolas hechas de trapos a una cesta de mimbre en el patio trasero de su casa.

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Más tarde, en el instituto Crispus Attucks, Robertson empezaría a demostrar el talento que tenía en su interior. Crispus Attucks era un instituto sólo para chicos de color al que los blancos ni siquiera se molestaban en ir a jugar… hasta la llegada de Big O. Allí no sólo creció físicamente, sino que también pulió sus fundamentos a las órdenes de su entrenador, Ray Crowe. Con Robertson en sus filas, el equipo del instituto arrasó en los dos años posteriores, pero ni aun así desaparecieron los problemas racistas: según cuentan, las autoridades de la ciudad no querían que el equipo se propasara en las celebraciones de sus triunfos, y ordenaban a los jugadores que festejaran sus triunfos en otro lugar porque, según el propio Robertson, “temían que los negros quemaran el centro de la ciudad.”

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Robertson tampoco se libró del racismo en la Universidad de Cincinnati. Pero allí también se confirmó como un auténtico prodigio baloncestístico, promediando 33,8 puntos por partido en su primer año. Ganó tres veces el trofeo al máximo anotador y llevó a los Bearcats hasta dos Final Fours, batiendo varios récords universitarios, incluido el de anotación, que se mantendría vigente hasta que Pete Maravich lo mejorara en 1970. Pero su etapa estudiantil también tuvo su lado malo: los Bearcats no habían tenido nunca un jugador negro en sus filas, y Robertson tuvo prohibido dormir en hoteles hasta su año de junior, viéndose obligado a quedarse en dormitorios universitarios.

Pero la auténtica eclosión de “Big O” llegaría en 1960, justo antes de dar el salto al baloncesto profesional, cuando participó en los Juegos Olímpicos como miembro de un equipo norteamericano histórico (y por “histórico” hablo casi casi de la categoría del “Dream Team”), del que fue co-capitán junto con Jerry West, que también estaba a punto de empezar su andadura en la NBA. El equipo, definido en su momento como el mejor de la historia del baloncesto no profesional, también incluía a figuras de la talla de Jerry Lucas o Walt Bellamy. En su camino hasta la medalla de oro, Estados Unidos ganó sus nueve partidos por una ventaja media de 42,4 puntos, y Robertson, que jugó indistintamente de alero y de base, fue el máximo anotador del torneo junto a Lucas.

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Tras declararse elegible para el draft, Robertson fue elegido por los Cincinatti Royals gracias a un territorial pick, sistema hoy desaparecido por el cual un equipo podía asegurarse los servicios de un jugador universitario local renunciando a su elección de primera ronda del draft. Robertson firmó un sustancioso contrato (33.000 dólares), pero pronto los Royals descubrieron que tenían en sus filas algo mucho, mucho más valioso. Robertson irrumpió en la NBA como un huracán, fue el tercer máximo anotador de la liga (30,5 puntos por partido) y fue elegido Rookie del Año con todos los honores. Ese mismo año también fue al All-Star, donde fue elegido MVP tras anotar 23 puntos y batir el récord de asistencias en un partido de ese calibre, con 14. También fue el mejor pasador de toda la liga, con un promedio de 9,7 asistencias, arrebatándole así el título a Bob Cousy después de ocho galardones consecutivos para el de los Celtics. Pero tan deslumbrante derroche de talento no sirvió para que el equipo hiciera nada importante ese año, y los Bucks acabaron la temporada con un registro de 33-46.

Pero aquello sólo acababa de empezar. Sería en la segunda temporada de Robertson en la liga cuando el base haría historia, promediando su ya legendario triple doble a lo largo de toda la temporada con unos números de otro planeta… casi de otro universo: 30,8 puntos, 12,5 rebotes y 11,4 asistencias por partido. Volvió ser el mejor pasador de la liga, dando casi 2 más que la temporada anterior, disparándose hasta las 11,4 . Lo que es más, también logró meter a los Royals en playoffs, donde perdieron en primera ronda ante los Detroit Pistons por 3-1.

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Robertson mantendría su excelso nivel en los años posteriores, volviendo a rozar el triple doble en alguna ocasión y visitando un año sí y otro también el partido de las estrellas. Pero nunca llevó a los Royals hasta el anillo: como mucho llegaron a finales de conferencia, pese a contar con un buen equipo alguna de esas temporadas. Pero siempre acababan cruzándose en el camino de los legendarios Boston Celtics de Bill Russell o el otro gran equipo dominador de esa época, los Philadelphia 76ers. A partir de 1965 la cosa empezó a ir a peor para los Royals, que caían casi siempre en las primeras rondas de los playoffs, y más adelante ni siquiera llegaron a clasificarse.

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Sin embargo, antes del inicio de la temporada 1970-71 se produjo un traspaso que resultaría determinante para la carrera de Big O. Tras diez años en la liga, Robertson era traspasado a los Milwaukee Bucks a cambio de Flynn Robinson y Charlie Paulk. El anuncio del traspaso por parte de los Bucks tomó a todos por sorpresa, e incluso las malas lenguas llegaron a decir que había sido forzado por Bob Cousy, por entonces entrenador de los Royals, celoso del protagonismo de Robertson. Por entonces Cousy contaba con sólo 41 años, y de hecho llegó a enfundarse la camiseta de los Royals en algunas ocasiones. Sea como fuere, la figura de Robertson vivió una segunda juventud en los Bucks, donde coincidiría con un joven pívot de enorme estatura llamado Lew Alcindor que estaba destinado a convertirse en una leyenda en la NBA y en el máximo anotador de la historia de la liga bajo el nombre de Kareem Abdul-Jabbar. Con Robertson dominando el juego exterior y Alcindor jugando al poste bajo, los Bucks lograron esa temporada el mejor registro de la liga, 66-16, racha de 20 victorias consecutivas incluida. Lo que es más, por una vez, el buen juego se mantuvo en los playoffs, donde los Bucks tuvieron una actuación casi intachable y consiguieron el anillo tras una registro de 12-2 y vencer (o más bien aplastar) en la Final a los por entonces Baltimore Bullets. Alcindor fue nombrado MVP de las Finales (ya lo había sido de la temporada regular) gracias a unos números mareantes (27 puntos y más de 18 rebotes por partido), pero era Robertson el motor que hacía moverse al equipo. Y ahora, por fin, “Big O” había podido poner su talento al servicio de un equipo ganador.

Aquel año Robertson también protagonizó titulares fuera de las canchas de baloncesto. Como presidente de la Asociación de Jugadores, fue su nombre el que encabezó una demanda interpuesta por el gremio de jugadores contra la liga, que a efectos prácticos frenaba la fusión entre NBA y ABA y ponía en entredicho el sistema contractual del momento, por el cual los jugadores eran casi propiedades de los equipos: los agentes libres no existían y los jugadores tenían prohibido negociar con equipos aunque no tuvieran contratos en vigencia. El caso se prolongó durante seis años, y al final se alcanzó un acuerdo que a la postre permitiría no sólo la fusión de las dos ligas, sino también el acceso de los jugadores a contratos más cuantiosos y al florecimiento de la free agency.

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Mientras tanto, en sus últimos años como profesional, Robertson siguió siendo un jugador muy valioso para su equipo. Logró dos títulos de división más en compañía de Abdul-Jabbar y, en su última temporada en activo, la 1973-1974, contribuyó de forma decisiva a que su equipo tuviera de nuevo el mejor registro de la liga (59-23) y volviera a unas Finales de la NBA. Sus rivales serían, paradójicamente, los Celtics que tanto se le habían atragantado en los primeros años de su carrera. Por aquel entonces Boston no se parecía en nada al equipo liderado por Bill Russell, y Robertson tuvo la oportunidad única de cerrar su carrera con un segundo anillo. Pero la inspiración de Dave Cowens en esas Finales llevó a los Celtics a conseguir el título en el séptimo partido de una serie apasionante en la que Jabbar rayó a un gran nivel y Big O dio el que sería su canto de cisne. Su retiro esa temporada hizo que, al año siguiente, los Bucks cayeran en picado en las clasificaciones, pese a seguir contando con Jabbar en sus filas.

Una vez retirado, Robertson se embarcó en una lucha por mejorar las condiciones de vida de los habitantes de color de Indiana y tuvo una breve incursión en los medios como comentarista deportivo. Los Kansas City Kings (ex Cincinatti Royals) retiraron su camiseta con el número 14 cuando Big O dejó las canchas; la misma camiseta que sigue retirada hoy día en el actual hogar de la franquicia, en Sacramento. También lo está su camiseta de los Bucks con el número 1. Aún hoy día se le considera uno de los mejores jugadores de la historia de la liga, capaz de superar los 30 puntos de media de anotación durante sus primeras siete temporadas en la NBA. Fue el primero en promediar más de 10 asistencias por partido, en unos tiempos en que los criterios para otorgar asistencias eran mucho más estrictos que en la actualidad, y además durante toda su carrera rondó el promedio de diez rebotes por partido. Ganó 3 MVPs en All-Stars y terminó su carrera con un promedio de 25,7 por partido en una época, recordemos, en la que aún no existía la línea de tres puntos. Los 181 triples dobles que consiguió a lo largo de su carrera siguen siendo un hito prácticamente insuperables, seguidos muy de lejos por los 138 de Magic Johnson. Sus récords y estadísticas son demasiado abrumadores para ponerlos todos aquí, pero es universalmente reconocido como el primer “base alto” de la liga, precursor de los Magic Johnson, Anfernee Hardaway y compañía. Aunque no fuera un jugador extremadamente espectacular, a él también se le atribuye la creación de la suspensión hacia atrás que Michael Jordan convirtiera en su marca registrada. Robertson fue incluido en el Hall of Fame en 1979 y, naturalmente, cuando la NBA emitió su lista de los 50 mejores jugadores de la historia al celebrar su 50º aniversario en 1996, Robertson también estaba en esa lista.

Como siempre, me extiendo en palabrería pero no hay como ver jugar a estas leyendas, para comprender el alcance de su talento y también para nuestro regocijo visual. Ahí van, pues, algunos vídeos de “Big O”, incluida una joyita de sus tiempos de estudiante:

Texto redactado a partir de información extraída de Hoopedia.com, Wikipedia.com y alguna paginita más.

2 comentarios para “Leyendas del baloncesto: Oscar Robertson”

  1. Viaje al pasado: Lakers-Celtics, temporada 86-87 « El blog del Pistolero Dice:

    [...] la fecha (que le valdría el MVP de la temporada, convirtiéndose así en el primer base desde Oscar Robertson en conseguirlo), los Lakers se dispararon hasta las 65 victorias y 17 derrotas. Además de Magic [...]

  2. Historia del draft: Años sesenta « El blog del Pistolero Dice:

    [...] Los Royals repitieron número uno en 1960, y se llevaron a Oscar Robertson, del que ya hablé en su momento. Fue otro buen año con un draft muy profundo: en el número dos, los Lakers [...]

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