La serie que sin duda más atención atraía en esta primera ronda de playoffs, la reedición de la pasada final de conferencia en el Oeste, la que más rivalidad ha despertado en estas últimas temporadas, entre San Antonio Spurs y Phoenix Suns, está resultando por ahora una decepción. Y lo está siendo porque los Spurs están dominando con tal autoridad la serie que la cosa casi resulta aburrida. Anoche, los de Arizona volvieron a perder, 115-99, de nuevo por culpa de un inconmensurable Tony Parker. Si en el segundo partido el francés había penetrado por donde le había dado la gana la zona naranja, ayer se dedicó a masacrar a los Suns con suspensiones de media distancia, disparándose hasta los 41 puntos en lo que es su récord de anotación, y regalando de paso 12 asistencias a sus compañeros. La cosa empieza a ser ridícula para los Suns, que están quedando en evidencia en defensa: a los 41 puntos de Oh la la Parker hay que añadir 23 más de Tim Duncan y 20 de Manu Ginóbili… ¡84 puntos entre tres jugadores! Si hay un Dios de la defensa en algún sitio, se debe de estar retorciendo de indignación: los Spurs lanzaron con un 56% de acierto en tiros de dos y 40% en triples, demostrando que efectivamente, lo de la defensa los Suns lo llevan muy mal. Más les vale ponerse las pilas de una vez si no quieren quedar humillados (casi al nivel de los Dallas Mavericks el año pasado) con un 4-0, aunque no sé yo si ya será demasiado tarde para eso… En los Suns, Mike D’Antoni metió a Leandro Barbosa en el quinteto inicial para buscar una mayor fluidez de anotación, y el brasileño cumplió (20 puntos), pero en esta ocasión fue Steve Nash el que deambuló por el partido: el canadiense, defendido por esa pesadilla con patas que se llama Bruce Bowen, se quedó en 7 puntos y 9 asistencias. Y claro, sólo con Leandrinho, Amare Stoudemire (que siguió a lo suyo, con 28 puntos y 11 rebotes) y las contribuciones de Shaquille O’Neal (19 puntos, pero 9/17 en tiros libres), los Suns no tuvieron ninguna opción. Como lleva ocurriendo el resto de la serie, ni Raja Bell, ni Grant Hill ni Boris Diaw contribuyeron significativamente en ataque. Y así, claro, no hay manera contra los campeones. No sólo la permanencia de los Suns en los playoffs está en juego: todo el proyecto de Mike D’Antoni empieza a desmoronarse ante el fracaso tras fracaso que lleva teniendo el equipo en playoffs, y parece que tanto fans (anoche la hinchada de los Suns acabó abucheando al equipo) como ejecutivos han perdido la paciencia. Aunque no lo parezca, no será lo mismo caer en esta serie 4-0 que 4-2…
Otro que casi ha agotado la paciencia de su entorno, Avery Johnson, recuperó algo de credibilidad cuando los Mavericks ganaron ayer su primer partido ante los New Orleans Hornets. Jugando en casa, y con la pareja Dirk Nowitzki-Jason Terry muy metida en el partido, los Mavs se impusieron por 97-87. No fue un partido fácil para los tejanos, pero parece que el todavía vigente MVP no quiere volver a ser humillado en una primera ronda de playoffs, y ayer el alemán metió 32 puntos, acompañados de 19 rebotes y 6 asistencias. Su escudero, Terry, anoche titular en lugar de Jerry Stackhouse, se fue a los 22 puntos, pero si hay que ser sinceros, el partido lo perdieron más los Hornets que lo ganaron los Mavs. Los chicos de Byron Scott empezaron con un festival de ladrillos, y entre Chris Paul y David West fallaron 24 de sus 30 primeros tiros. En un partido de playoffs, eso es un suicidio, y los Mavs lo aprovecharon. Los Hornets recuperaron un poco de su puntería más adelante, pero aun así acabaron con un lamentable 37% en tiros de campo, y el único de sus titulares que hizo un 50% fue Morris Peterson, y eso porque metió uno de sus dos lanzamientos. Los 30 puntos de Janeero Pargo desde el banquillo no sirvieron para nada, y a los Mavs no les tembló el pulso al final. En las filas de Dallas hubo sólo dos puntos oscuros: el habitual, Jason Kidd, que volvió a hacer números discretos (8 puntos, 11 rebotes, 5 asistencias) y Josh Howard, que aunque terminó con 16 puntos hizo una lamentable serie de 5/16, apenas unas horas después de haber declarado en la radio local que había consumido marihuana en la offseason. Uno se pregunta qué lleva a ciertos jugadores a decir cosas tan inoportunas en momentos tan delicados, y más en el caso de Howard, que siempre ha parecido un tipo con la cabeza bien puesta… pero creo que la sanción no se la va a quitar nadie, y espero que el entorno de los Mavs no se enrarezca con esta meada fuera de tiesto. En fin, que los Mavs se ponen 2-1 y tienen otro partido en casa antes de volver a New Orleans. Por su bien ya pueden ganarlo, porque visto cómo juegan los Hornets en casa, no daría un duro por Avery johnson si la serie volviera 3-1 a K-Ville…
Pero el partido más intenso de la noche fue sin duda el primero de todos, en Philadelphia, entre 76ers y Pistons. Nadie daba un duro por los Sixers en esta serie, y el equipo de Mo Cheeks ya sorprendió a los Pistons en el primer partido. Pero es que anoche la campanada fue mayúscula: los Sixers atropellaron a unos Pistons que, sin exagerar, parecían un equipo de segunda división polaca, venciendo por 95-75. Y eso que no fue un partido especialmente brillante por parte de los locales, pero bastaron las buenas actuaciones de Andre Miller (21 puntos, y haciendo mucha pupa en el poste bajo y en las suspensiones a media distancia) y Samuel Dalembert (22 puntos, 16 rebotes, 2 tapones) para dejar en evidencia a unos Bad Boys a los que el descanso de final de temporada regular parece haberles sentado fatal, en concreto en lo que respecta al control del balón: ayer terminaron con nada menos que ¡23! pérdidas, y hubo momentos en los que llevaban más pérdidas que canastas en juego. Y eso que la defensa de los Sixers, aunque fue buena, tampoco estaba al nivel de la de San Antonio o Boston, por ejemplo. Sólo Richard Hamilton (23 puntos) y Tayshaun Prince (18 más) funcionaron en ataque, pero aparte de ellos sólo Chauncey Billups superó la decena de puntos, y eso porque tiró muchos tiros libres. Rasheed Wallace, el jugador que había dominado los dos primeros partidos, se quedó en 2 puntos, al igual que Antonio McDyess, que se partió la nariz en una jugada y será duda para el cuarto encuentro. Lo mejor de todo es que los Sixers llevan dos victorias aunque su principal figura, Andre Iguodala, está pasando por un bache de juego. Ayer mejoró un poco sus números, llegando a los 10 puntos, con 6 asistencias y 4 robos, pero el nuevo A.I. aún no ha explotado en lo que llevamos de serie. Sin duda deberá hacerlo si los Sixers quieren creerse de verdad que pueden pasar esta eliminatoria, y para eso será vital ganar el próximo partido en casa para volver a Detroit con un sorprendente 3-1 que ni los más aventurados habrían dado al principio de los playoffs. Pero claro, se espera que los Pistons no estén por la labor. En cualquier caso, ya sabemos con qué underdog hay que ir en el Este…
Esta noche, cuatro partiditos, incluidos los terceros de las series Lakers-Nuggets y Boston-Hawks. Además, Houston y Toronto intentarán conseguir el empate en sus series pese a jugar fuera de casa…



