Bye bye, Mavs; hasta luego, Suns

New Orleans Hornets 99-Dallas Mavericks 94 (4-1):

Pues nada, no hubo sorpresas. Aunque los Mavericks pelearon con uñas y dientes, no pudieron evitar su por otra parte merecidísima eliminación a manos de los New Orleans Hornets. Y es que Chris Paul, ese chico que es demasiado joven para ser elegido MVP, reservó el mejor caviar para la ocasión y se descolgó con triple doble (24 puntos, 15 asistencias y 11 rebotes) que impidió que el intento desesperado de los Mavs por prolongar su agonía. El guión volvió a ser el de siempre para los Mavericks: poco carácter en los momentos importantes. Dirk Nowitzki, su gran baluarte, tuvo una noche lamentable en el tiro, como en todos los partidos en los que su equipo se juega algo, y terminó con 8/21, para un total de 22 puntos y 13 rebotes. Los demás referentes de los Mavs no estuvieron mucho mejor, y ninguno pasó de los 15 puntos, aunque también es cierto que los chicos de Avery Johnson recibieron ayuda desde el banquillo (Brandon Bass, Jerry Stackhouse, Devean George) y consiguieron llegar al último cuarto con alguna remota opción de ganar el partido. El arreón de Dallas parecía poder hacer realidad el sueño, pero allí apareció entonces Peja Stojakovic, bastante discretito hasta entonces, para meter dos tiros libres que hacían trizas cualquier sueño tejano. David West, el otro Hornet All-Star, también estuvo a su nivel habitual, con 25 puntos. Los Hornets pasan de ronda por primera vez en su historia y se enfrentarán a los San Antonio Spurs, mientras que los Dallas Mavericks, y concretamente Mark Cuban, deberán decidir qué hacer con esta plantilla multimillonaria que sólo cosecha fracaso tras fracaso, y más después del traspaso arriesgado de Jason Kidd… ¿Habrá restructuración general?

San Antonio Spurs 92-Phoenix Suns 87 (4-1):

Y hablando de proyectos que fracasan y fichajes de urgencia para enderezarlos, hay que hablar de los Phoenix Suns, claro. Se puede aducir que nadie esperaba que en primera ronda tuvieran que vérselas con los Spurs, pero el fichaje de Shaquille O’Neal se hizo única y exclusivamente para una serie así. Y, una vez más, los de Mike D’Antoni no han estado a la altura. No tanto en los dos últimos partidos como en los tres primeros, y es que la derrota del primero les debió de destrozar anímicamente. Ayer de nuevo Boris Diaw (22 puntos, 8 rebotes, 8 asistencias) encabezó la ofensiva de los de Arizona, que tiraron mejor que los Spurs y recibieron puntos de mucha gente, pero tuvieron una serie de pérdidas catastróficas en momentos clave (tres de ellas causadas por Steve Nash, curiosamente) que dieron al traste con sus esperanzas de alargar la serie. Eso, claro, y la actuación de Tim Duncan, cuyo barómetro es implacable: ayer se fue a los 29 puntos y 17 rebotes, y Tony Parker fue de nuevo un estilete, con 31 puntos. Por si eso fuera poco, Manu Ginóbili, que había pasado desapercibido toda la noche, decidió encestar tres tiros libres cruciales en el último minuto de juego que fueron el último clavo en el enésimo ataúd de playoffs de los Suns. Llama la atención el bajón de anotación de Amare Stoudemire en los dos últimos partidos, que al final del partido se desahogó: “Cada año jugamos contra estos tíos y siempre perdemos. Eso es algo que tiene que cambiar mientras yo siga en este equipo… hay que encontrar una forma de vencerles”. Pues tendrá que ser en otra ocasión, Amare. Mientras tanto, no sé si a Mike D’Antoni le llegará la camisa al cuerpo, porque el cupo de paciencia de los Suns debe de estar por agotarse. Me estoy imaginando a D’Antoni y Avery Johnson en algún tugurio neoyorquino, ahogando sus penas mientras se lamentan por haber sido incapaces de hacer nada constructivo con dos buenas plantillas a lo largo de varios años.

Detroit Pistons 98-Philadelphia 76ers 81 (3-2):

Los pobres Sixers siguen despertando de su sueño de la peor forma, que es a manos de los mejores Pistons. El primer cuarto del partido de ayer fue un auténtico recital por parte de los Bad Boys, que maltrataron a Philadelphia todo lo que pudieron (en especial al pobre Andre Miller, que no sabía dónde meterse), con unos porcentajes en tiros de campo obscenos (rondando el 80%) y un Rasheed Wallace enorme, tanto en la intimidación como en ataque. ‘Sheed terminó con 19 puntos, 6 rebotes, 6 tapones y 3 triples, y entre Chauncey Billups y Richard Hamilton sumaron 41 puntos más. Contra eso, la resurrección de Andre Iguodala (21 puntos) fue en vano, y los Sixers fueron por detrás del partido. Fue el típico encuentro cuyo resultado estuvo claro desde el minuto 5. El único punto positivo para los Sixers es que el próximo partido es en casa, donde contarán con todo el apoyo de su público para intentar la machada del empate. No parece fácil la cosa, y aunque lo lograran aún tendrían que jugarse el pase en Detroit, que es como que te echen a los leones. Pero al contrario que Suns y Mavs, los Sixers ya han cumplido de sobras en estos playoffs, y ocurra lo que ocurre en el futuro cercano, se pueden ir de vacaciones más que tranquilos. Aun así… molaría que tumbaran a los Pistons, ¿eh? Sí, claro, también habría molado que Suns y Mavs hubieran hecho algo a derechas por una vez…

Houston Rockets 95-Utah Jazz 69 (2-3):

Sin duda el resultado más sorprendente de la noche fue la victoria apabullante de Houston Rockets ante los Utah Jazz. Los Rockets, a quien muchos daban por desahuciados, dieron un puñetazo en la mesa con Tracy McGrady a la cabeza, tratando de convencer a la opinión pública de que tienen opciones de pasar esta serie (cuando nadie diría que las tienen, pero bueno). Ayer T-Mac metió 29 puntos, Luis Scola se doctoró en playffs con un fantástico doble doble (18 puntos y 12 rebotes) y Rafer Alston metió 14 más, con 4 triples incluidos. Los Jazz tiraron tan mal como pudieron (36% en tiros de campo, 22% en triples y 57% en tiros libres), a lo que añadieron nada menos 18 pérdidas. Con esos números, sorprende incluso que metieran 69 puntos… Y que no se despisten, porque los Rockets estarán con la moral por las nubes en el próximo partido, en Salt Lake City, y no lo tendrán nada fácil. Jerry Sloan y los suyos deberán afinar aún más su ejecución del pick & roll e intentar que Andrei Kirilenko sea de nuevo la fuerza defensiva que ya ha parado en más de una ocasión a Tracy McGrady. Si consiguen eso, la mitad del trabajo estará hecho.

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