Vergüenzas del baloncesto: Greg Ostertag

La de los noventa fue una mala época para el rara avis que es el center blanco. Después de unos años ochenta con especímenes tan dominadores como Bill Walton o Bill Laimbeer, los noventa nos ofrecieron como máximos exponentes gente como Chris Dudley, Jim McIlvaine, Gheorges Muresan… o Greg Ostertag, poster boy por excelencia y el hombre que hizo del peinado tazón una seña de identidad.

Greg Ostertag fue único desde su llegada a la NBA. Con sus 2,18 metros de estatura, siempre fue el ejemplo del típico pívot incapaz de aprovechar sus cualidades físicas para pasar de la más absoluta mediocridad. Al menos le queda el consuelo de haber hecho algo significativo en sus años de estudiante: tras llevar a su instituto a su primer título baloncestístico en 1990, Ostertag entró en la Univerdad de Kansas, en cuyo equipo jugó desde 1991 hasta 1995. En ese tiempo llegó a jugar dos Final Four universitarias, destacando por su capacidad para poner pinchos de merluza con gran facilidad: sus 258 tapones en ese periodo fueron un récord para su universidad y su conferencia.

Por desgracia, su salto al baloncesto profesional no vino acompañado de una confirmación como gran jugador… sino más bien como todo lo contrario. Tras ser drafteado por Utah Jazz en 1996, Ostertag emprendió, con el dorsal “00″ a la espalda (¡qué osadía!), una carrera baloncestística que se podría tildar de mediocre en el mejor de los casos y desastrosa en el peor. Jugó sus 9 primeras temporadas en los Jazz, acompañando a rutilantes estrellas como Karl Malone y John Stockton, pero jamás llegó a promediar dobles dígitos ni en puntos ni en rebotes. Su mejor temporada fue sin duda la 96-97, en la que promedió 7,3 puntos, 7,3 rebotes y 2 tapones. Y eso que por aquella época se supone que aún tenía ética de trabajo. No pasaría mucho antes de que el propio Malone acusara a Ostertag de acudir con sobrepeso al inicio de la pretemporada y de no tener ningún tipo de ética profesional, después de que el propio Ostertag le confesara al Cartero que era “más vago que un oso”.

En sus últimas temporadas en los Jazz ya era más conocido por su peinado de “tazón” y su capacidad para quedar posterizado que por su talento como jugador. En su última temporada en Utah cobró casi 9 millones de dólares y promedió 6,8 puntos, 7,4 rebotes y 1,8 tapones por partido. Tal vez avergonzado por aquel atraco a mano armada a la buena gente de Salt Lake City, al terminar esa temporada decidió firmar como agente libre por los Sacramento Kings, equipo en el que se podría decir sin ambages que se comió los mocos: en la temporada siguiente disputó 56 partidos, con menos de 10 minutos de media, y ni siquiera llegó a los 2 puntos y 4 rebotes de promedio. Convertido en carne de relleno para traspasos, acabó metido en el trade más multitudinario de la historia de la NBA, en el cual se vieron implicados cinco equipos y 13 jugadores, y que le llevó de nuevo a Utah para arrastrarse en su última época como baloncestista poster boy profesional. En esa última temporada apenas llegó a los 14 minutos por partido, aunque superó (por poco, eso sí) sus número en los Kings. Concluida la temporada 2005-2006, Ostertag anunció su retirada. A lo largo de sus 11 años de carrera promedió 4,6 puntos, 5,5 rebotes y 1,7 tapones, convirtiéndose así en un miembro más de la insigne estirpe de centers inútiles que encabeza Jim McIlvaine.

Sin embargo, es el cuarto jugador con más partidos jugados en la historia de los Jazz, por detrás de John Stockton, Karl Malone y Mark Eaton, y jugó dos Finales de la NBA con los Jazz, perdiendo ambas ante los Bulls de Michael Jordan, claro. También fue el primer jugador en la historia de la NBA en jugar tras donar un órgano, ya que en 2002 donó uno de sus riñones para salvar la vida de su hermana, aquejada de un cáncer. Desde entonces ha sido uno gran defensor de la donación de órganos. Tan noble conducta no se corresponde con algunas de sus veleidades más famosas: en enero de 2005, en un acto para socios de los Kings, Ostertag saltó al escenario tras ser provocado por las cheerleaders del equipo y, ataviado con un calzón de animadora, se dedicó a bailar alrededor del escenario central, para hilaridad de los asistentes. Dicen las malas lenguas que Chris Webber jamás se recuperó de aquella imagen. He aquí un vídeo en el que aparece un fragmento de tan macabra danza, sólo apto para quienes no tengan sensibilidad que ver herida:

Ostertag también es famoso por tener un tatuaje de Pedro Picapiedra haciendo un mate (¡uauh, qué machote!) y porque fue literalmente abofeteado durante un calentamiento por Shaquille O’Neal, quien no perdía ocasión para ningunearle… o caerle encima, como se puede ver en la foto de abajo. Sí, nuestro amigo Greg siempre intentó encontrar el valor y las agallas que sabía yacían en algún lugar de su interior, pero nunca los encontró. Pero sin duda, fue un hombre que dejó huella, a su manera, en la liga.

Ah, sí, “Tazón” Ostertag también apareció en la lamentable película Eddie, junto a Whoopie Goldberg. En la foto de abajo, aparece junto a la susodicha Whoopie y otros jugadores NBA engañados para aparecer en el film de marras: John Salley, Malik Sealy, Vernel Singleton… y sí, Rick Fox, el jugador-actor (y bicampeón con los Lakers), que se merecería una entrada para él sólo por sus incontables cameos cinematográficos y televisivos.

En la actualidad Greg Ostertag trabaja de assistant coach en el equipo de baloncesto del instituto de su hijo, en Phoenix. (Esperamos que como entrenador sea mejor que como jugador, porque de lo contrario, pobres muchachos…) A juzgar por la siguiente instantánea, también se dedica a cazar jabalíes (o lo que sea que tiene en la mano) vestido con prendas de camuflaje.

Sin más que decir de Greg, sólo queda poner la ya habitual ristra de vídeos de Youtube. En este caso, más que de sus mejores momentos, se trata de sus mejores posterizaciones, a manos de Glenn “Big Dog” Robinson (por partida doble, cuando ambos estaban aún en la NCAA), Marcus Camby, Kobe Bryant (también por partida doble) y Amare Stoudemire. Sí, al pobre Greg le ha machacado en la jeta hasta el vecino del quinto, hasta el punto de que más de uno piensa que deberían haberle cambiado el nombre por Greg “Poster-tag”. Este hombre era una vergüenza para los pívots, y uno se pregunta a quién le puso todos esos tapones… En fin, a disfrutar:

2 comentarios para “Vergüenzas del baloncesto: Greg Ostertag”

  1. antonio Dice:

    Me parece un articulo muy pasado de rosca. Exagerado. Ostertag, estaremos de acuerdo que no ha sido un gran pivot, de ahi a decir “verguenza del baloncesto” va un trecho muy grande, segun tu afirmacion del articulo mas del 80% de los pivots de la historia son paquetes. Will Perdue (de lo peor), Chris Dudley, Montross, etc. entonces que son escoria humana?? por que esos pivots son peores que Ostertag. y es mejor dar opiniones personales utilizando frases como:
    “En mi opinion”, “Yo pienso”, etc que decir la lamentable pelicula como si tu fueras un critico de cine importante. En fin me parece un articulo poco creible.

  2. weintraub Dice:

    ¿Exagerado? Probablemente. Es la intención, siempre haciendo referencia a su faceta como jugador de baloncesto. La idea de las “vergüenzas” del baloncesto es recordar a figuras cuya calidad baloncestística era más bien cuestionable, e intentar sacar un poco de punta a sus momentos más memorables, en todos los sentidos. Tal vez el título de la sección sea algo contundente y proceda cambiarlo, pero la intención está clara. Naturalmente, para gustos hay colores, y lo que a mí me parece una “vergüenza” de jugador a alguien puede no parecérselo. No entiendo lo de “escorias humanas”: los nombres que mencionas me parecen jugadores iguales o peores que Ostertag (de hecho, estaba preparando un artículo sobre Chris Dudley), pero en ningún caso se me ocurriría tacharles de escorias… aunque tal vez sí como “vergüenzas” del baloncesto.

    Te doy la razón en mi improcedente comentario cinematográfico. Ni me considero un crítico ni nada parecido, está fuera de lugar, pero a veces uno asume el “yo pienso” sin haberlo escrito…

    En cualquier caso, gracias por el tiempo invertido en leer el artículo y por tu comentario.

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