Hornets-Spurs: Mala hierba nunca muere

New Orleans Hornets 82-San Antonio Spurs 91 (3-4):

Se acabó el sueño de los Hornets. Como en el guión de una buena película de terror, todo ocurrió como nadie quería que ocurriese pero todos se temían que ocurriría. Los San Antonio Spurs, ese equipo al que hay que matar tres (o cuatro) veces para que te asegures de que está muerto, resucitó de sus cenizas como si de un zombi cualquiera se tratara para imponerse en el séptimo partido en cancha de los New Orleans Hornets. Y lo peor es que no sorprendió a nadie. Pese a haber perdido de 20 los tres partidos jugados en New Orleans, pese a ser años (décadas) más viejos que los Hornets, pese a que Tim Duncan no había sido del todo Tim Duncan en buena parte de la serie, nadie dudaba de que los favoritos en el partido de anoche eran los Spurs. Y, como buenos favoritos, cumplieron con los pronósticos.

Los Hornets son un buen equipo, pero aún son jóvenes. Es probable que, con mimo y cuidado, la plantilla pueda pelear por un campeonato, por una final de conferencia, en un par de años. Pero anoche no fueron rival para los Spurs. Les pudieron las circunstancias, que se diría. Obsesionados con frenar a Duncan (que, aun así, terminó con 16 puntos y 14 rebotes), los hombres de Byron Scott se la jugaron a cerrarse sobre el pívot de los Spurs y dejar que los exteriores tiraran de fuera, y ayer, para su desgracia, los tiros entraron. Los tejanos terminaron con 12 triples, lo cual, unido a las suspensiones de Tony Parker y alguna cosita más les permitió controlar el marcador durante buena parte del partido. Los Hornets fallaban incluso tiros fáciles (Peja Stojakovic va a tener pesadillas con Bruce Bowen durante mucho tiempo), y las sensaciones eran francamente negativas. Aun así, encabezados por Chris Paul (tremendo una vez más, con 18 puntos, 7 rebotes y 14 asistencias) y un David West bastante recuperado del “ataque Horry” (20 puntos, 9 rebotes), los Hornets emprendieron un meritoria remontada final que les acabó poniendo a tres puntos cuando faltaban menos dos minutos para la conclusión del encuentro. Pero si hay un escenario en el que los Spurs se sienten a gusto, es en los finales apretados. Son unos maestros en sellar victorias en distancias cortas.

Y anoche no fueron menos. Tras un triple de Jannero Pargo (buen partido, con 18 puntos) que ponía a su equipo a sólo tres puntos de los Spurs, el microondas de los Hornets volvió a lanzar desde la línea de tres, pero en esta ocasión el lanzamiento no entró. Eso marcó el principio del fin para los Hornets. Una suspensión de Tony Parker y cuatro tiros libres consecutivos encestados por Manu Ginóbili (que de nuevo jugó a nivel All-Star, con 25 puntos, 4 triples y 10/11 en tiros libres) acababan de aplastar los sueños de gloria de los jóvenes e impetuosos Hornets. Como dijo el propio Byron Scott, era necesario que sufrieran algo así para que en el futuro puedan saborear mejor los triunfos. Aunque seguro que a Paul, West y compañía eso les parece pobre consuelo ahora mismo, no se puede poner ni un solo pero a la temporada de un equipo que el año pasado ni siquiera entró en playoffs. El futuro de la franquicia es brillante, tienen un núcleo de jugadores formidable y los triunfos llegarán tarde o temprano. Ahora deben dejar atrás esta amarga derrota cuanto antes.

Y en cuanto a los Spurs, un poco lo de siempre. Ese espía de la KGB encubierto que es Gregg Popovich sigue llevando a su equipo hasta lo más alto, por muy viejos que sean sus jugadores. Su mezcla de talento y triquiñuelas tan sucias como se puedan imaginar funciona año tras año, por mucho que despierten las iras de todos los que no son fans del equipo (los que sí lo son demostraron ser de la misma calaña que su equipo coreando el nombre de Robert Horry hace tres días tras su “golpecito” sobre David West). Y la próxima víctima de sus sucias argucias serán los Lakers. Si Pau Gasol y sus compañeros ya sufrieron para ganar a Utah Jazz, pero porque tenían un buen equipo delante, la final de conferencia será peor, mucho peor: tendrán delante un buen equipo que además juega como nadie en playoffs y al que no le importa usar cualquier recurso, por dudoso que sea, para ganar. No, no lo van a tener nada fácil. A partir del miércoles empezaremos a ver cómo se desarrolla esta serie.

Y antes, esta noche, empieza la gran final en el este, sin apenas tiempo para que los Celtics se recuperen del partido contra los Cavs. ¿Logrará alguien ganar un partido fuera de casa?

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