Boston Celtics 98-Los Angeles Lakers 88 (1-0):
Impecable. El guión del primer partido fue digno de una producción made in Hollywood, en el que no faltó prácticamente de nada: emoción, intensidad, actores estrella, secundarios importantes… ni hecho a propósito se habría alcanzado un efecto parecido. Como toda buena película, el partido empezó con un planteamiento inicial en el que fueron apareciendo los actores principales. Uno de ellos era Pau Gasol, aunque sólo fuera porque metió la primera canasta de la final. Otro era Derek Fisher que, como ese sidekick veterano que siempre está ahí, fue de los más destacados de su equipo en el primer cuarto. Pero todos iban asomando la cabeza en los primeros minutos: Kevin Garnett, que sería ese típico personaje torvo y serio que hace su trabajo mejor que nadie, sin esbozar la más mínima sonrisa; o Paul Pierce, el auténtico action hero de la noche, que también empezaba a meter sus canastitas. Todos aparecieron en ese primer cuarto menos el que todo el mundo esperaba: el “guapo” de la película, Kobe Bryant, que tardó bastante en meter su primera canasta… Para entonces, los Celtics ya se habían atrincherado detrás de un Garnett que parecía muy enchufado en el partido. Al otro lado, sin Kobe, tenían que tirar del carro entre Gasol, Fisher y lo poquito que aportaran los demás. Ninguno de los dos equipos jugó especialmente bien en esos minutos, y al final del primer cuarto de la película, el marcador reflejaba un apretado 23-21 favorable a los Celtics.
En el segundo cuarto el ritmo fue in crescendo, mientras seguían apareciendo protagonistas de la película. Kobe ya había dado muestras de vida, y los Celtics recibían la ayuda inesperada de un Sam Cassell que parece haber reservado sus cada vez más escasas gotas de calidad para esta serie final. En unos minutos en que los Lakers empezaban a afinar su juego, Sam-I-Am, como un viejo policía que conoce el terreno mejor que nadie, enchufó tres canastas prácticamente consecutivas e hizo que Fisher estuviera demasiado ocupado con él en defensa como para seguir generando cosas en ataque. Suyos fueron los primeros minutos del segundo cuarto, y de Garnett el resto: Big Ticket tuvo un segundo cuarto abrumador, en el que machacó a Gasol (bastante flojo en defensa todo el partido, la verdad) con suspensiones desde cualquier punto por dentro de la línea de tres. También le sacó a Pau la segunda falta, lo que hizo que Phil Jackson cambiara la defensa de su equipo y mandara la consigna de acudir en ayuda del catalán siempre que Garnett tuviera el balón. Y el equipo lo hizo… ¡vaya si lo hizo! Con Gasol protegido por las ayudas y el equipo enchufadísimo en defensa, los Lakers tuvieron también sus mejores minutos en ataque: empezaron a circular el balón con fluidez y anotaron con facilidad ante unos Celtics que no sabían por dónde les llovían las canastas. Kobe tenía el chip de pasador, y Pau se beneficiaba de sus asistencias. A esas alturas de partido, incluso los árbitros se habían sumado a la producción cinematográfica, encabezados por ese incombustible Dick Bavetta que podría hacer perfectamente de consigliere en una película de El Padrino, y que señalizaba algunas acciones que no acababan de convencer a Phil Jackson. Aun así, los Lakers seguían imparables, y los Celtics agradecieron que llegara al descanso, momento en el cual los visitantes iban cinco arriba en el marcador, 51-46. Pero nada podía prepararles para lo que ocurriría tras la reanudación…
Y es que el tercer acto fue ejemplar, una muestra antológica de lo que es el baloncesto como emoción, como sucesión de acciones de una intensidad y espectacularidad pocas veces igualable. Todo empezó con Paul Pierce, claro; de hecho, empezó, continuó y terminó con Pierce. El action hero de la película salía como un ciclón del vestuario y, tras una canasta y un 3+1 con falta de Radmanovic, enjugaba la ventaja de los Lakers en menos de un minuto y medio. Parecía que el californiano tenía ganas de marcha. Pero pocos minutos después, el día se tornaba noche: en una jugada embarullada bajo su propia canasta, Pierce caía fulminado al suelo, llevándose la mano a la rodilla tras chocar con su propio compañero, Kendrick Perkins. Los gestos de dolor del alero de los Celtics eran terribles, y de inmediato saltaron todas las alarmas en el banquillo de Doc Rivers. Alarmas que se volvieron de un rojo aún más intenso cuando vieron cómo se llevaban a Paul Pierce en volandas hacia el vestuario. Todos se temían lo peor: con Pierce lesionado, la final habría terminado antes de comenzar. Pero como si de una película de terror se tratara, a los Celtics aún les quedaba por sufrir un nuevo golpe: apenas un minuto después, Derek Fisher caía sobre la pierna de Perkins, en una acción parecida a la que provocó la lesión de Yao Ming la temporada pasada. El roqueño pívot de los Celtics también debía retirarse dolorido al vestuario, donde la televisión acababa de mostrar a Pierce en una silla de ruedas.
A todo esto, los Lakers, claro, se frotaban las manos ante lo que ya veían como un partido cuesta abajo. Pero los Celtics se defendieron como gato panza arriba y evitaron que los Lakers se marcharan en el marcador en los siguientes minutos. Y entonces, cuando parecía que Boston no podría aguantar mucho más el tirón, el pabellón entero estalló en un ensordecedor rugido: Paul Pierce acababa de aparecer por el túnel de vestuarios caminando por su propio pie, con una pequeña venda en la pierna… y con la mirada de acero de todo buen prota de película de acción. Se moría por volver a entrar en pista… y en cuanto lo hizo, demostró por qué. Con el público entregado, con sus compañeros encorajinados por su regreso, con los Lakers retirándose de forma timorata ante la oleada de emoción que invadía el Garden, Pierce enchufó dos triples consecutivos desde el mismo sitio que daban definitivamente la vuelta a la tortilla. Aunque el marcador no lo reflejaría claramente hasta el final del partido, emocionalmente los Celtics ya habían ganado el partido. No importaba que Garnett fuera una caricatura oscura de sí mismo y fallara todo lo que había metido en la primera parte, no importaba que la Mamba Negra asustara a los Celtics con alguna de sus canastas imposibles marca de la casa: Pierce había vuelto al campo, y se echaría el equipo a la espalda en lo que quedaba de tercer cuarto y todo el último para alcanzar una victoria que no pensaba dejar escapar. Por si fuera poco, contaba con la ayuda del último personaje en entrar en escena: P.J. Brown, quien como si de un veteranísimo Harry el Sucio se tratara, contribuyó con numerosos intangibles a mantener la fortaleza de Boston bajo los aros en ausencia de Perkins (los Celtics superaron a los Lakers en rebotes por 46-33).
Mientras tanto, en los Lakers, Gasol había desaparecido, Fisher contribuía menos, y como en demasiados partidos últimamente, el equipo dependía por completo de la inspiración de Kobe. Y Kobe no estuvo especialmente bien. Terminó con 24 puntos, pero también con una lamentable, horripilante serie de 9/26 en el tiro. Rozando la vergonzante barrera del 30%, vaya. Lamar Odom era de los pocos que aún sacaba el orgullo e intentaba pelear, pero tampoco fue el que ha sido el resto de playoffs. Todo el último cuarto en general fue un desacierto constante, primero por parte de los Lakers, pero también un poco por parte de los Celtics: Garnett, por ejemplo, que había metido 8 de sus primeros 11 lanzamientos, terminó sólo un poco mejor que Kobe en porcentajes: 9/22, y falló nueve tiros seguidos. Eso sí, tuvo tiempo de posterizar a Pau en un mate tras rebote ofensivo que sacó una vez más las vergüenzas al Nen de Sant Boi. Hay un vídeo en Youtube, pero no sé por qué no me lo deja poner aquí, así que os paso el link directo para que lo veáis, que vale la pena, aquí. Y si no estáis convencidos, una instantánea del momento:
Los últimos minutos fueron frustrantes para los Lakers: manteniéndose siempre a distancias de 6-8 puntos, fueron incapaces de meter un triple o de hacer una jugada que volviera a meterles en el partido: fallaron todo lo fallable, precipitándose en el tiro y dando una imagen más bien triste en este primer partido. En los Celtics, Garnett terminó con 24 puntos y 13 rebotes, Pierce metió 22 y Allen, que estuvo mejor que en otras ocasiones, metió 19. Rajon Rondo también fue importante en momentos clave del partido, y terminó con 15 puntos y 7 asistencias. En los Lakers, Gasol y Fisher terminaron con 15 puntos aunque estuvieron muy desaparecidos en la segunda parte.
Así pues, los Celtics golpean primero, aunque les queda la duda del alcance de la lesión de Pierce. Sea como sea, el equipo tiene hasta el domingo para recuperarse de sus heridas… y los Lakers tienen el mismo tiempo para hacer propósito de enmienda e intentar recuperar el buen juego del que hicieron gala en esos fugaces momentos del segundo cuarto… ¿Lo conseguirán?





6 Junio, 2008 a las 9:19 pm |
Enhorauena por este fantastisco blog. Es una lástima que ninguno de los partidos del play-off pueda ser visto en abierto en España.
Nos consolaremos viendo como Pau y la selección doblegan a Coby & Team en Pekin’08
7 Junio, 2008 a las 11:28 am |
Gracias por tu comentario. Sí, es una pena que tengamos que conformarnos con lo que nos ha ido dando Cuatro estos últimos viernes de playoffs… Pero por lo menos podemos ver una final en abierto, que eso es algo que hace algunos años que no se veía.
Eso, y esperar a ver si la Sexta le puede echar el guante a los derechos, para ver más baloncesto en abierto…
19 Septiembre, 2008 a las 7:58 am |
[...] dos puñales en el corazón a los Lakers en forma de dos triples prácticamente consecutivos. Un partido digno de un guión de cine. Este vídeo resume bastante bien lo que fue aquel [...]