Celtics 3-Lakers 1: Los Celtics rozan la gloria

Los Angeles Lakers 91-Boston Celtics 97 (1-3):

Los Boston Celtics dieron ayer un golpe de mano a las finales que podría resultar definitivo. Y no lo digo sólo porque ganaran el cuarto partido en el Staples Center… sino por cómo lo hicieron. Haciendo historia. Los Celtics perdían de 21 al terminar el primer cuarto, y llegaron a perder hasta de 24 durante el segundo periodo. A falta de seis minutos para terminar el tercer cuarto aún perdían de 20… pero entonces un demoledor parcial de 21-3 favorable a los de verde hacía soñar con el milagro… un milagro que acabó produciéndose, y cómo.

Pero vayamos por partes. Los Lakers salieron como un auténtico huracán, encabezados por un Lamar Odom que quería borrar la mala imagen que había dado en los tres primeros partidos. Odom estuvo sublime en todo el primer cuarto, metiendo todo lo que tiró y formando una pareja demoledora con Pau Gasol que los Celtics se veían incapaces de parar. Por si eso fuera poco, Radmanovic también parecía estar fino desde el perímetro, para desesperación de unos Celtics que, por su parte, las veían cuadradas en ataque y eran incapaces de marcar con cierta continuidad: con Kevin Garnett en el banquillo muy pronto por dos faltas y un Paul Pierce irreconocible, los Celtics dependían de lo que pudiera hacer Ray Allen más lo poquito que pudieran contribuir un claramente mermado Rajon Rondo y Kendrick Perkins. A todo esto hay que añadir una de las actuaciones arbitrales más caseras que he visto en mi vida, que llevó a los Lakers a visitar la línea de tiros libres todo lo que quisieron. Por suerte, en el resto de partido el arbitraje resultaría más normal. Sin embargo, con este panorama, la paliza parecía inevitable, y el marcador al final del primer cuarto reflejaba la mayor diferencia a esas alturas en cualquier final de la historia: 35-14. A los Lakers ni siquiera les había hecho falta recurrir a Kobe, prácticamente inédito en ataque.

En el segundo cuarto los Celtics despertaron, pero no del todo. Doc Rivers, forzado por una nueva lesión de Perkins, en este caso en el hombro, empezó a probar cosas, y volvió a utilizar, como ya hiciera en algún partido previo de playoffs, un quinteto bajo en el que Garnett era la única referencia interior y el perímetro estaba formado por Allen, Pierce y James Posey (sobre estas líneas). Más un base que, en este caso, no fue Rondo, que a esas alturas ya estaba claro que haría mucho en el partido, sino Eddie House. Si es que ya dije yo ayer que esta serie era ideal para utilizar a House como amenaza anotadora desde el puesto de base. Y la verdad es que, como se acabaría viendo al final, la variante táctica ejecutada por Rivers obraría el milagro en el que a esas alturas nadie creía. Y es que aunque los Lakers siguieron mandando tras el segundo parcial, la conducta de los Celtics empezó a cambiar: sabían que sólo podían lograr el milagro desde la defensa, y se pusieron el mono de trabajo para acometer lo imposible. Por lo menos estaban consiguiendo lo más importante: que Bryant siguiera sin entrar en el partido. El marcador al descanso aún marcaba un contundente 58-40… pero nadie podía prever lo que ocurriría cuando los equipos volvieran del vestuario.

En los primeros minutos tras la reanudación los Lakers volvieron a apretar para volver a ponerse 20 arriba, pero mediado el tercer cuarto, las cosas empezaron a encajar definitivamente en el ataque de los Celtics: “The Big Ticket” hizo lo que tenía que hacer y atacó a Gasol desde el poste bajo, reservando sus suspensiones lejanas sólo para jugadas ocasionales. Paul Pierce recuperaba su agresividad y forzaba penetraciones en las que siempre sacaba algo positivo. Allen seguía en el mismo estado de gracia del que lleva gozando toda la serie. Y los Lakers empezaban a deshacerse como un azucarillo. Con Pierce persiguiendo incansablemente a Bryant en defensa (y recibiendo ayudas defensivas por todas partes, por cierto), el resto de los Lakers sufrieron un espectacular cortocircuito en ataque que les llevaría a encajar un dolorosísimo parcial de 3-21 que volvió a meter a los Celtics en el partido. La cosa era casi de película de terror: no importa qué hicieran los de amarillo, los Celtics volvían a la carga una y otra vez, limando poco a poco, pero de manera constante, las diferencias. Por si fuera poco, House y Posey eran ya una evidente amenaza que nadie en el Staples había esperado, y que por tanto, nadie sabía cómo frenar.

La remontada se culminó en los primeros minutos del último cuarto, gracias a una canasta de Leon Powe que ponía el empate en el marcador. A esas alturas, los jugadores de los Celtics no tenían enfrente a un equipo de baloncesto, sino a una docena de pilas de gelatina temblorosa enfundadas en sendas camisetas amarillas. Bueno, vale, 11 pilas de gelatina y una mamba negra muy, muy enfadada… y muy, muy bien defendida. Aun así, a los Lakers les quedó al menos la suficiente dignidad para intentar evitar que los Celtics se pusieran por delante, y en los siguientes minutos hubo una dura pugna por tomar el control en el marcador. Pero los Celtics tenían ayer una fuerza de voluntad sobrehumana, y por fin una suspensión a media distancia de Eddie House ponía por delante a los de verde, 84-83. El silencio empezaba a extenderse por el Staples como una plaga, y las miradas atónitas del público sólo tenían una lectura posible: “¿Qué demonios está pasando aquí?”

Y lo que pasaba era que los Celtics adelantaban a los Lakers sin tan siquiera pararse a saludar. En un visto y no visto Boston ya iba cinco arriba, y los intentos de Kobe por volver a meter a su equipo en el partido (y, de paso, demostrar si realmente es tan bueno) se encontraban una y otra vez con una contundente respuesta en el otro lado de la canasta. Lo de los Celtics desafiaba toda descripción: era como si jugaran en casa. A falta de algo más de un minuto, con los Lakers sólo a dos puntos gracias a una penetración imposible marca de la casa de la Mamba, Posey no se alteraba y clavaba un triple lateral que eliminaba casi cualquier esperanza Laker. Y cuando digo “clavaba” hablo literalmente: fue un tiro lanzado con tal convicción y seguridad que se veía que iba a entrar en cuanto salió de sus manos. Posey será lo que sea como jugador, pero ayer demostró por qué fue fichado por los Celtics, y fue determinante para el resultado final. Pero para determinante, Ray Allen: primero metió una formidable bandeja a aro pasado digna del mismísimo Kobe (por no decir de Michael Jordan, y no exagero), y luego, cuando los Lakers daban sus últimos coletazos por intentar remontar, se puso torero y pidió un aclarado en ataque. Enfrente tenía a ese gran especialista defensivo que es (o dicen que es) Sasha Vujacic. Con toda la zona para él, Allen dribló sin ningún problema al esloveno y metió otra bandeja que ejemplificaba a la perfección la superioridad mostrada por los Celtics en el segundo tiempo. He aquí los vídeos de esos dos sublimes momentos:

A partir de ahí, ya nada importó, ni siquiera los intentos desesperados de Kobe por obrar el milagro. No, el milagro había sido el de los Celtics que habían tratado a los Lakers como muñecos… como peleles, diría yo. Basta con echar un vistazo a las estadísticas: Pierce metió 20 puntos pese a empezar fatal, Garnett terminó con 16 y 11 rebotes y Allen estuvo enorme, con 19 puntos y 9 rebotes. Ojito que puede ser rival de Pierce para el MVP de esta final si, como parece, Boston acaba ganando el anillo. Pero es que además, Posey y House contribuyeron con 18 y 11 puntos desde el banquillo. En el lado angelino, la cosa era mucho más triste: Kobe terminó con unos míseros 17 puntos y una serie en el tiro más mísera aún, de 6/19, y Odom, aunque terminó con 19 puntos y 10 rebotes, desapareció por completo en el segundo tiempo, al igual que el resto del equipo. A Gasol le pasó algo parecido, aunque es cierto que apareció un poco más en los minutos decisivos, y terminó con 17 puntos y 10 rebotes. No fue ni mucho menos su peor partido. ¿El banquillo de los Lakers? ¿Hablamos de esos señores pequeñitos que salían vestidos de amarillo desde la vera de Phil Jackson, y que metieron 15 puntos entre todos, con una fantástica serie de 6/21? Yo pensaba que esos eran unos tipos que pasaban por allí y se habían encontrado la camiseta de los Lakers…

En fin, bromas aparte, los Celtics se ponen 3-1 y tienen lo que parece una ventaja definitiva para hacerse con el anillo. Nadie ha remontado jamás un 3-1 en una final, y aunque los Lakers logren ganar el próximo partido en el Staples (cosa que deberían hacer, aunque sólo fuera por la honrilla), les quedarán dos partidos en Boston que no serán nada, nada fáciles. Si quieren siquiera empezar a soñar con el milagro, deberán jugar como lo hicieron ayer en el primer cuarto, pero todo el partido… y buscar por su vestuario a ver si encuentran al MVP de la temporada, porque el Kobe que está jugando esta final no puede ser el mismo jugador, no hay duda.

4 comentarios para “Celtics 3-Lakers 1: Los Celtics rozan la gloria”

  1. Fes Dice:

    Me he quedado de piedra al ver el resultado final en la web de la nba.
    Unos segundos antes había acabado de ver el 1er cuarto, antes de ir a currar y cuando he ido a mirar por cuanto habrían ganado los Lakers… me he cagado en todo!!! Cómo es posible??? Vaya banda… con la rabia que me dan los Celtics!!!

  2. weintraub Dice:

    Pues hoy les han dado un buen baño, la verdad. Y no quiero decir nada para no hacer leña del árbol caído, pero Phil Jackson está cubriéndose de gloria. Con el cambio de Rivers a cuatro pequeños y Garnett por dentro, el tío no ha sabido qué hacer.

    Claro que en todo esto hay dos culpables principales, y por el mismo motivo: Kobe y el banquillo. Ni uno ni los otros están al nivel que se les espera.

    ¡Y cómo mola Eddie House, coñe!

  3. Adrian Vogel Dice:

    El formato 2-3-2 tampoco ayuda. Favorece al equipo que abre la serie jugando en casa. Obliga, en este caso a los Lakers, a ganar fuera 1 de los dos primeros o los tres seguidos de casa. Es mucha presión. En cambio parece más asequible ganar 1 fuera de 3. Prefiero el 2-2-1-1-1

  4. weintraub Dice:

    Aunque yo también creo que es más justo el 2-2-1-1-1, también es cierto que el 2-3-2 castiga al local que pierde un partido en casa, y que luego juega tres fuera y se arriesga a no volver a casa a jugar los dos últimos…

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