Los Celtics, campeones… y Paul Pierce, MVP

Boston Celtics 131-Los Angeles Lakers 92 (4-2):

No, no hay ningún error tipográfico en el resultado de arriba. Los Boston Celtics se proclamaron campeones de la NBA ganando de 39 puntos a los Lakers en el sexto partido. En una de las mayores humillaciones que servidor ha tenido la oportunidad de ver en una pista de baloncesto (y sin duda, la peor en una final), los Celtics destrozaron, atropellaron, despedazaron, apuñalaron y destriparon a los Lakers antes de alzarse con su decimoséptimo título de campeones, 22 años después del último. Siguen siendo los más grandes… aunque les haya costado más de dos décadas volver a lo más alto. Y los 39 puntos de ventaja con que consiguieron esa victoria son el mayor margen de victoria en un partido decisivo de una final. Con eso está dicho todo.

El partido duró en realidad algo menos de dos cuartos. En un escenario mucho más caldeado y “auténtico” que el deslumbrante pero frío Staples Center, el primer cuarto resultó muy diferente al de los dos partidos anteriores. Kobe Bryant volvía a estar enchufado (luego volvería a desenchufarse), y castigaba desde la línea de tres a los Celtics, pero los locales no estaban para tonterías. Anoche Kevin Garnett estuvo a tope desde el primer minuto, y respondió a las canastas de la Mamba Negra con sus propias jugadas marca de la casa. Y aunque Paul Pierce no estaba muy fino y Ray Allen tenía que retirarse al vestuario mediado el primer cuarto tras recibir un golpe en el ojo de Lamar Odom, hubo un invitado inesperado a la fiesta que decantó la balanza de ese primer cuarto a favor de los locales: Rajon Rondo, quien, tal vez dolido por las numerosas voces que le habían criticado en los últimos encuentros, saltó al parquet muy motivado, convertido en una especie de Demonio de Tasmania hiperexcitado que estaba por todas partes. Rondo se convirtió en una auténtica pesadilla para los Lakers en ese primer cuarto, reboteando en ataque, robando balones e imprimiendo una intensidad al juego que, sin duda, le venía grande a los Lakers. También desquició a Pau Gasol presionándole una y otra vez en ayudas al poste bajo, y robándole los balones que quiso. Pau tuvo un partido flojo (por no decir muy malo), pero su primer cuarto en concreto fue aciago. Entonces fue más Spanish Marshmallow que nunca. Pero de Pau hablaré algo más abajo. En cuanto a Rondo, basta decir que terminó el partido con unos números que firmaría cualquier jugador a ciegas en un sexto partido de una final: 21 puntos, 8 asistencias, 7 rebotes y 6 robos. Y eso que falló sus cuatro primeros tiros.

Así, el marcador al final del primer periodo reflejaba un 24-20 favorable a los locales. Y claro, pasó lo que tenía que pasar. Como en los dos partidos anteriores, los Celtics dieron un acelerón a lo largo del segundo cuarto… con la diferencia de que los Lakers no el colchón de puntos que les había salvado en ocasiones anteriores. Los Celtics rompieron el partido en ese periodo, con un tremendo parcial de 34-15. Garnett siguió atacando la canasta rival, Bryant desapareció una vez más en ataque, y otras dos pesadillas de verde, de nombre James Posey y Eddie House, salieron desde el banquillo para clavar varias puñaladas en el corazón púrpura desde la línea de tres puntos, ante la mirada atenta de leyendas Celtics como John Havlicek y Bill Russell que, desde las gradas, ya empezaban a oler el título. A esas alturas, estaba claro que o la cosa cambiaba mucho, o los Lakers no tendrían ninguna oportunidad.

Pero la cosa no iba a cambiar, al menos no a favor de los Lakers. Los Celtics mejoraron aún más su defensa de los últimos partidos hasta el extremo de asfixiar a Bryant con triples ayudas. El balón circulaba mal en ataque para los Lakers, y en el poste bajo, Gasol era incapaz de generar nada productivo ni siquiera en los minutos que le defendió Glen “Big Baby” Davis por problemas de faltas de Kendrick Perkins y P.J. Brown. No, los Lakers se irían al descanso perdiendo de 23 y con sus esperanzas reducidas a una llama muy, muy pequeñita.

Los Celtics apagaron esa llamita con un implacable soplo en la reanudación, en la que demostraron que no iban a levantar el pie del acelerador para nada. Garnett seguía a lo suyo (terminó con 26 puntos, 14 rebotes, 4 asistencias y 3 robos), y Allen, ya recuperado de sus males oculares, empezaba a calentar muñeca y a demostrar que sí, que él también estaba en el partido. Pierce, mientras, lo supervisaba todo sin acabar de romper a jugar. No era necesario. Los Lakers ni estaban, ni se les esperaba. El parcial del tercer cuarto fue un poco menos duro (31-25 para Celtics), pero aun así, mediado el periodo el partido ya había muerto. En el cuarto y medio que quedaba, los Celtics se dedicarían a aumentar paulatinamente su ventaja y, de paso, intentar batir algunos récords históricos. En los Lakers, sólo Lamar Odom parecía tener un mínimo de orgullo y seguía peleando. Sin él, sin duda la paliza habría sido aún más histórica. Y eso que sólo metió 14 puntos… pero era el único que hacía algo. Él y Jordan Farmar, que con sus triples también evitaba que las diferencias alcanzasen niveles (más) sonrojantes. Para entonces Pau ya había desaparecido definitivamente de la pista, y Kobe, cuando conseguía tirar, fallaba. La Mamba terminaría con 22 puntos y 7/22 en el tiro, además de 4 pérdidas. Sin duda, anoche fue menos MVP que nunca.

En el último cuarto, el festival Celtic alcanzó su máxima expresión de jolgorio. En los primeros minutos del periodo Ray Allen dio las últimas patadas al desmadejado cadáver de los Lakers enchufando cuatro triples sin fallo prácticamente consecutivos, igualando así el récord de las finales. Ray-Ray terminó con 26 puntos y un espectacular 7/9 en triples. Minutos más tarde, después de que Doc Rivers sustituyera a su Big Three para que se llevara una merecidísima ovación, los Lakers cubrieron la última etapa de su calvario con las caritas que se les ve en la foto de arriba. Así, con un equipo de suplentes en el campo, los Celtics se dedicaron a hacer alley oops y mates de espaldas mientras el público entonaba cánticos como si estuvieran en una taberna cualquiera. Los Lakers eran un guiñapo, y casi agradecieron el silibido final.

Los Celtics eran campeones. No habían dado opción a los Lakers, y se alzaban con un título obtenido con todo merecimiento. Paul Pierce fue nombrado MVP de la final, también con todo merecimiento. Es increíble el salto cualitativo que ha dado The Truth en estos playoffs, dejando de ser sólo un gran jugador para convertirse en un referente para su equipo y en un jugador capaz de todo, en ambos lados de la cancha. Su defensa sobre Kobe Bryant fue ejemplar a lo largo de toda la serie, y cuando su equipo le necesitó siempre estuvo ahí, y cómo. Pierce puede estar tranquilo: la camiseta con su número tiene ya un lugar reservado en las míticas vigas del Garden, donde acompañará a tantas otras leyendas verdes. La victoria también supone todo un éxito para el ambicioso proyecto iniciado por Danny Ainge a principios de temporada. Lo que a muchos les pareció un movimiento suicida en el que se hipotecaba el futuro de la franquicia para conseguir a dos jugadorazos como Garnett y Allen no ha podido dar mejores beneficios. Los Celtics fueron el mejor equipo de la temporada regular y han acabado siendo los campeones. Tal vez Ainge haya abierto sin saberlo una nueva vía de “reconstrucción express” para equipos que buscan un éxito de forma rápida. Pero los Celtics no sólo han ganado por su Big Three. Ha habido jugadores con actuaciones determinantes. No puedo dejar de destacar una vez más a James Posey que, por muy guarro que sea (que lo es), ha sido determinante en ambos lados de la pista con sus triples y su defensa. Y también es una alegría que todo un veterano como P.J. Brown haya podido ganar un anillo antes de retirarse (o de re-retirarse, porque los Celtics casi le sacaron del asilo). En fin, que todo fue perfecto para los Celtics, incluso para los que ya no están con nosotros: con la derrota de Phil Jackson, Red Auerbach seguirá compartiendo con él la vitola de entrenador más laureado de todos los tiempos. Esté donde esté, el viejo leprechaun debe de estar sonriendo sardónicamente mientras se fuma un puro para celebrar la victoria.

Y sobre los Lakers, qué decir… Muchos les daban como favoritos al principio de la serie, sobre todo por la solvencia con que se habían librado de los San Antonio Spurs… pero nunca lograron hallar una forma de superar la tremenda defensa de los Celtics. En su descargo hay que decir que ningún equipo habría sido capaz de hacerlo. Bryant ha tenido una eliminatoria por debajo de lo que se esperaba de él (“sólo” 25 puntos por partido, pero con un 40% en tiros de campo, pocas visitas a los tiros libres y casi cuatro pérdidas por partido), y no ha sido el único. Lamar Odom tampoco ha estado al nivel. Y no nos engañemos, salvo en el quinto partido y en algún otro momento puntual de la serie, Pau tampoco ha estado bien. Y en este caso no ha sido porque no haya recibido balones, porque los ha tenido. Pero ha sido otra víctima de la tremebunda defensa de los Celtics, que no le ha dejado desarrollar su juego como en él es habitual. Su actuación en esta final ha venido a reforzar un poco más la imagen de blando que se tiene de él en la liga, que sin ser del todo justa, también es en parte merecida. Basta con ver el primer cuarto que hizo ayer para constatarlo. Aun así, es una pena que nuestro primer español en una final de la NBA se haya quedado a las puertas del anillo. Sin embargo, no todo se debe a lo buen o mal jugador que sea: estoy seguro de que Pau ha notado estos días más que nunca no sólo los cambios en los baremos arbitrales en las finales, sino también las grandes diferencias que separan el baloncesto NBA del europeo en conceptos básicos. Y así como aquí Pau es un jugador dominante y decisivo, allí no lo es tanto. Tengo curiosidad por ver qué hará cuando nos encontremos con Estados Unidos en las Olimpiadas, jugando con “nuestras” reglas… Y no, no estoy intentando disculparle. Eso no quiere decir que no haya jugado mal.

Y nada, que hasta aquí ha llegado la temporada de la NBA, al menos en lo que a partidos se refiere. Ya tenemos campeón, en una semanita tenemos el draft y en dos, empezará el baile de fichajes y traspasos. Así que la liga norteamericana seguirá asomándose por aquí con frecuencia… compartiendo atención con los demás focos abiertos en las próximas semanas: mercado ACB, Juegos Olímpicos… Damn, I love this game!

3 comentarios para “Los Celtics, campeones… y Paul Pierce, MVP”

  1. Calabasas Dice:

    Es cierto que como seguidor de la NBA debería estar por encima de nacionalidades, pero el hecho que uno de Sant Boi esté tan arriba tira un poco; aún así, deseaba con toda mi alma que perdieran los Lakers (ODIO A ESA NIÑATA ENGREIDA Y ESTUPIDA LLAMADA KOBE BRYANT) pero que Gasol se saliera. Pues bien, fifty/fifty, los Celtics le han dado un sobo de campeonato a Lakers (poniendo a la Mamba Negra en su sitio), pero el amigo Gasol ha estado fatal. Por más que los medios de comunicación le ensalzan y hablan sólo de lo bueno que ha hecho, ha estado espantoso; es blandito, miedosillo y no tiene cojones para pedir la pelota y tomar la responsabilidad; siempre ha sido así pero le salvaba su clase, pero unas finales de la NBA son otra cosa y a él le ha venido grande.

  2. Jorge... el amigo de la del facebook Dice:

    Se ha terminado el sueño!!!! Me duele decir que estaba bastante claro, los Lakers no han sabido jugar a los Celtics. Gasol ha llegado muy justo de gasolina (y creo que los Lakers en general más que los Celtics) y no ha conseguido demostrar todo lo que sabe y puede hacer. Él ha casi cumplido un sueño que a muchos que nos gusta este deporte, desearíamos cumplir. Y aunque no han sido, ni por asomo los mejores partidos de PAU. Yo deseo que en un futuro lo vea levantando esa preciado trofeo y con un anillo en el dedo, si lo consigue una parte de mi también, cree que lo habrá conseguido, pobre ingenuo… bueno esto y que me conformo con él porque dudo que venga mañana un ojeador de la NBA a ficharme y menos cuando un pedazo jugador como Navarro tiene que volver al FC.Barcelona porque no tenía ninguna oferta de la NBA que fuera digna.

  3. weintraub Dice:

    Hombre, el año que viene los Lakers con Bynum recuperado serán un equipo a tener en cuenta de nuevo. Si hacen algunos ajustes en el equipo, se quitan de encima medianías que no les aportan nada (¿he oído Radmanovic?) y fichan con sentido, creo que volverán a llegar lejos.

    Y lo de Navarro yo tampoco lo entiendo… Podía hablar Pau con Kupchak para que lo pillaran los Lakers, como hizo ya en los Grizzlies. Total, entre la Bomba y Vujacic no creo que haya tanta diferencia. Ah, sí, que uno es también un especialista defensivo y el otro no… :D

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