Historia del draft: Los ochenta

Deportivamente, los ochenta fueron los años de la rivalidad entre Celtics y Lakers y de la explosión del baloncesto espectáculo, con montones de equipos que sólo se preocupaban de meter un montón de puntos. En lo que al draft se refiere, fue una década con bastantes cambios de reglamentación en la selección de jugadores… y en la que surgió el que muchos consideran el mejor jugador de todos los tiempos, dentro de un draft que bien podría haber sido el mejor de toda la historia.

Joe Barry Carroll

1980: La década empezó bien, con un draft de 1980 sólido, aunque no tan estelar como los que estaban por llegar, en el que los Golden State Warriors eligieron con el número uno a Joe Barry Carroll, un center de 2,13 que daría lo mejor de sí mismo en los seis años que jugó en Oakland, flirteando constantemente con el 20/10. Carroll es una de las figuras más injustamente tratadas de los ochenta: aunque desarrolló un juego interesante, a menudo se le llamaba Joe Barely Cares (“Joe pasa de todo”) por su actitud displicente con los medios. Bueno, también se le cuestiona porque el pick número uno de los Warriors ese año les salió muy caro: lo recibieron de Boston, a cambio de Robert Parish (¡ouch!) y el número tres de ese año… que los Celtics usaron para elegir a Kevin McHale (¡ouch, ouch!) (En el número 2, los Jazz elegirían a Darrell Griffith, que sin ser un mal jugador, tampoco estaba a la altura de McHale, claro…) Con McHale, los Celtics ya tenían la columna vertebral del equipo que haría historia en los ochenta, aunque no hay que olvidar que se pasó un par de años de sexto hombre, y sólo los problemas físicos de Cedric Maxwell le permitieron acceder al puesto de “4” titular… aunque una vez lo cogió, ya no lo soltó. En el número 8 de la primera ronda, los Sixers eligieron a Andrew Toney, que sería parte principal de los tremendos Sixers de primeros de los ochenta, y al que se conocía como el “Estrangulador de Boston” por la facilidad que tenía para ganar partidos él solito frente a los Celtics. Un poquito más abajo, los Dallas Mavericks elegían en el número 11 a un espigado ala-pívot alemán de 2,03 de curioso nombre: Ernest Maurice Vandeweghe, más conocido como “Kiki”, que se negó desde un principio a jugar en Dallas y exigió un traspaso. Los Mavs le complacerían y le traspasarían a los Nuggets ese mismo mes de diciembre, y allí, Kiki sería otro miembro más de los insignes Nuggets de los ochenta, que metían un montón de puntos pero a los que siempre les metían aún más. Vandeweghe fue un anotador excelso, rondando los 20 puntos de media en su carrera, con puntos culminantes de casi 30 de promedio. Por cierto, que en ese mismo draft, en el puesto 25 en la segunda ronda, los Warriors eligieron a Jeff Ruland, un “4” que decidió venirse a jugar a España antes de iniciar su carrera como profesional. Promedió 21 y 11 rebotes con el F.C. Barcelona, y al año siguiente volvió a la NBA, donde tuvo un buen rendimiento en los Bullets durante cinco años, antes de terminar de capa caída en Philadelphia y Detroit. Otro futuro ACB drafteado ese año fue Brad Branson, que tras fracasar estrepitosamente en la NBA, también daría el salto a Europa, y más concretamente al Real Madrid. Otros nombres a destacar en este draft, por uno u otro motivo, son Rick Mahorn (nº 35, 2ª ronda) o Kurt Rambis (nº 58, 3ª ronda).

Mark Aguirre

1981: Pero el primer draft auténticamente deslumbrante de la década llegó en 1981. Los Dallas Mavericks elegían a Mark Aguirre, un auténtico cañonero que demostraría su enorme variedad de movimientos en Mavs y Pistons. No fue un mal número uno… si no se tiene en cuenta que el número dos fue Isiah Thomas, elegido por los Detroit Pistons (Aguirre y Thomas coincidirían, por cierto, a finales de la década en el equipo de Michigan). Thomas fue probablemente el segundo mejor base de la década por detrás de Magic Johnson, y llevó a los Pistons hasta dos anillos consecutivos, promediando casi siempre más de 20 puntos y 10 asistencias. De hecho, lideró la liga en pases de canasta en la temporada 84-85, con la friolera de 13,9 asistencias por partido, ahí es nada. Una pena que como entrenador y GM este hombre no haya estado a la altura. El número tres del draft, y tal vez el más flojo de los primeros puestos, fue Buck WIlliams, un center reboteador y peleón que jugó en Nets y Blazers antes de retirarse en los Knicks con 37 añazos. Tras dos medianías más, hay que marcharse hasta el número 6 para descubrir a Orlando Woolridge, un poderoso “3” que tras cinco años en Chicago, pasaría por varios equipos y tendría problemas con las drogas, antes de redimirse en los Lakers a las órdenes de Pat Riley. Terminaría jugando en Italia ya con treinta y tantos años (como muchos otros, por cierto; los ochenta también fueron la primera década en la que jugadores NBA con renombres terminaban jugando en Europa).

Hay que bajar un poquito más en el draft para encontrar a dos jugadores importantes en el futuro próximo de la liga: con el número 9, los San Diego Clippers escogieron a Tom Chambers, uno de los hombres altos más completos de la década. Chambers desarrollaría casi toda su carrera en los Seattle Supersonics y los Phoenix Suns, haciendo gala entre otras cosas de una muy buena mano (fue uno de los primeros hombres altos que se atrevía a tirar de tres). En los Suns, por cierto, formó una pareja demoledora con Kevin Johnson, con quien practicaba un pick & roll prácticamente imparable. Chambers terminó jugando (o mal jugando, diría yo) en el Maccabi antes de volver a la NBA para dar sus últimos coletazos de vida deportiva. Un puesto por debajo de Chambers, los Mavericks escogieron a Rolando Blackman, un alero panameño que formaría junto con Aguirre una pareja letal en los Mavs de los ochenta. Entre otros nombres importantes de la primera ronda cabe destacar también a Kelly Tripucka (nº 12, Pistons) y por supuesto, al gran Larry Nance (nº 20, Suns), un jugón que tiene el honor de ser el ganador del primer concurso de mates. Cabe destacar por último, en la segunda ronda de ese draft, la presencia de Danny Ainge (nº 31, Celtics), que acabaría de configurar el plantillón de los Celtics en los ochenta.

James Worthy… aún sin gafas

1982: La cosa seguía mejorando a cada edición que pasaba. Como en un crescendo que culminaría en 1984, el draft del 82 fue un poquito mejor que el del 81… pero un poquito peor que el 83. Y es que el número uno del 82 fue nada menos que James Worthy. Uno se puede preguntar qué hacían los Lakers con el número uno del draft del 83 con el equipo que tenían, pero la respuesta es muy sencilla: en la temporada 79-80, los Lakers cambiaron a los Cavaliers a Don Ford y su pick de primera ronda de 1980 (Chad Kinch) por Butch Lee y su primera elececión del 82… que resultó ser el número uno. Los Lakers no dudaron y eligieron a “Big Game James”, y supongo que les enviaron una piruleta de regalo a los Cavs, porque con la llegada de Worthy, los Lakers se convertían en el equipo más espectacular de la liga y en el mayor candidato al título. Entre otras cosas, Worthy ganaría tres anillos con los Lakers y sería MVP de la final del 88. El segundo puesto del draft, salvando las distancias, no estuvo nada mal: los San Diego Clippers escogieron a Terry Cummings, cuya principal desgracia como jugador fue no estar jamás en un equipo ganador. Cummings fue rookie del año en su primera temporada con medias de 23,7 puntos y 10,4 rebotes por partido. A lo largo de su carrera, en la que siempre se mostró como un “4” de calidad, jugó en Clippers, Bucks y Spurs (cuando los Spurs eran la purria que eran a finales de los ochenta, claro), equipo en el que sufrió una lesión de rodilla que le marcaría en sus últimos años como profesional. ¿Y el tercer puesto de ese draft? Pues en el tercer puesto, amigos, aparecería el único hombre que rivalizaría en espectacularidad y explosividad con Michael Jordan, el hombre de los saltos imposibles, la máquina de hacer jugadas impresionantes: Dominique Wilkins. Fueron los Jazz los que draftearon a Wilkins, pero sus problemas económicos y la reluctancia (por decirlo de una forma suave) de Dominique a jugar en Salt Lake City les llevaron a traspasarlo a los Hawks, que disfrutaron de lo mejor de él como jugador: siempre por encima de los 25 puntos en sus años en Atlanta, Wilkins llegó a liderar la liga en anotación en su cuarto año como profesional con más de 30 puntos por partido. Por desgracia, siempre le faltó ese “plus” para convertirse en un factor diferencial que le diera a su equipo opciones de ganar el anillo. El que los Boston Celtics y Larry Bird andaran por allí en aquella época tampoco ayudaba mucho, claro… así que no es de extrañar que los Hawks de Wilkins no consiguieran nada y él quisiera cambiar de aires pese a ser enormemente popular en Atlanta. Jugó brevemente en Clippers y Celtics antes de dar un por entonces increíble salto a Europa, donde jugó, a cambio de un auténtico pastizal, en Panathinaikos, convirtiéndose en la figura NBA más importante en dar el salto a Europa. Con los griegos promedió casi 21 puntos y 7 rebotes por partido (y eso que tenía casi 35 años), y llevó al equipo a ganar la Euroliga en París. Luego volvería a la NBA para vivir sus últimos días como jugador. El resto de primera ronda del draft, por desgracia, no estuvo al nivel, aunque hubo jugadores interesantes como Lafayette “Fat” Lever (nº 11, Blazers), Sleepy Floyd (nº 13, Nets) o Ricky Pierce (nº 18, Pistons).

En cuarta ronda del draft, allá por el número 72, los Utah Jazz draftearon a un descomunal pívot blanco (2,23 m) llamado Mark Eaton que se convertiría en uno de los mejores taponadores de la historia de la liga. Sus 5,56 tapones por partido de la temporada 84-85 aún no han sido superados (y probablemente tardarán en serlo), y además fue elegido Mejor Defensor de la Liga en dos ocasiones. No sería una amenaza ofensiva, pero a lo largo de los 11 años que jugó en Utah, muy pocos se atrevieron a entrar en la zona de los Jazz sin pensárselo dos veces.

Por último, como nota curiosa, en el número 37 los Portland Trail Blazers draftearon a un tal Audie Norris, que jugaría tres mediocres temporadas con el equipo antes de venir a jugar al F.C. Barcelona… con los resultados que cualquiera con más de 25 años recuerda. Otro futuro ACB drafteado aquel año fue Corny Thompson (nº 50, Mavs), que apenas promediaría 3 puntos en 44 partidos antes de venir a triunfar a Europa. Ah, sí, un último dato: como muestra de que la NBA empezaba a abrirse a Europa, cabe destacar que muy, muy abajo, en el puesto 205 del draft, los Celtics eligieron a Pannagiotis Giannakis… aunque el temperamental griego nunca se dignó pisar un parquet norteamericano, claro.

Ralph Sampson, la primera “Torre Gemela”

1983: El draft del 83 tuvo el talento un poco más repartido que el anterior, como si quisiera dar un respiro a lo que se avecinaba al año siguiente. Así, aunque tuvo un número uno sólido (Ralph Sampson, elegido por los Houston Rockets), no daría muchas súper estrellas, pero sí unos cuantos jugadores interesantes. Por detrás de Sampson, que se convertiría en una de las Torres Gemelas de Houston, cabe destacar en el número 4 a Byron Scott, elegido por los San Diego Clippers. Scott no jugó ni un solo minuto con los Clippers, ya que fue traspasado a los Lakers a cambio del base Norm Nixon. El hoy entrenador de los Hornets, naturalmente, explotó con los Lakers del showtime y fue durante los 10 años que jugó allí un prolífico anotador. Scott fue otro de los que probó suerte en Europa: en 1997, y ya con 36 años,acabaría en Grecia y en el Panathinaikos, equipo al que llevó hasta el título de liga, en cuyo playoff final “secó” a la gran estrella rival, un jovencísimo Peja Stojakovic. En el puesto 7, los Jazz escogieron a Thurl Bailey, el eterno sexto hombre, uno de los jugadores más concienciados fuera de las canchas, y más apreciados en Salt Lake City en los años ochenta. Por cierto que “Big T.” también jugaría en Grecia (en el Panionios) y en Italia. (¿A que nadie sabría decir dónde estaba el dinero en el baloncesto europeo de los ochenta…?) Otro eterno trotamundos con breve carrera europea fue el número 8, Antoine Carr, elegido por los Pistons. Carr jugó 16 temporadas en la NBA, entre las cuales encontró un huequecito para jugar un año en Milán. Su evolución es curiosa: de explosivo machacador en sus primeros años en los Hawks pasó a ser un “5” pequeñito con buen tiro a media distancia en sus últimas temporadas en los Jazz, con los que llegó a jugar un par de finales contra los Bulls. A partir de aquí, la lista ya contiene un nombre tras otro de jugadores reconocidos: cañoneros como Dale Ellis (nº 9, Mavs) o Jeff Malone (nº 10, Bullets, nada que ver con Moses o Karl), buenos bases como Derek Harper (nº 11, Mavs)… y un escolta llamado a formar parte de la leyenda de la liga, Clyde Drexler. “The Glide”, así llamado por sus acrobáticos mates, fue drafteado por los Blazers en el número 14 y no abandonó la ciudad hasta 12 años después, partiendo hacia Houston. Junto con Terry Porter, Jerome Kersey y algunos más formó parte de unos Trail Blazers enormemente competitivos que se quedaron una y otra vez a las puertas de algo grande (perdieron dos finales de la NBA, frente a Pistons y Bulls). En 1995, su fichaje a mitad de temporada por los Rockets resultaría decisivo para que los tejanos ganasen su segundo anillo consecutivo… y el primero de Drexler. Drexler no sólo fue un gran anotador y un jugador espectacular: también fue un gran defensor, como bien descubrieron los muchos jugadores que tuvieron la desgracia de tenerle enfrente en los Juegos Olímpicos de 1992, donde el aún jugador de los Blazers participaría dentro de las filas del Dream Team.

En las rondas posteriores de ese mismo draft cabe destacar al hoy entrenador de los Celtis, Glenn “Doc” Rivers (nº 31, Hawks) y un par de curiosidades más: en el número 58, los Hawks elegían a John Pinone, que sólo tardó siete partiditos en darse cuenta de que aquello no era para él. Luego dio el salto a Europa y se convirtió en toda una leyenda en Estudiantes. Y en la quinta ronda, en el puesto 97, los San Diego Clippers drafteaban a un sudanés de 2,31, flaco como un espárrago, llamado Manute Bol. Por desgracia para los Clippers, la NBA invalidó la elección, sosteniendo que Bol no era un jugador drafteable. Aún tendrían que pasar un par de años más antes de que el por entonces jugador más alto de la historia pusiera un pie en la NBA… y empezara a tirar triples.

Hakeem Olajuwon, “el Sueño”

1984: Hakeem Olajuwon. Michael Jordan. Charles Barkley. Los puestos 1, 3 y 5 del draft del 84 bastarían para contarlo como uno de los mejores de la historia. Pero, como pronto se verá, la cosa no quedó ahí, ni mucho menos. El que los Rockets (que, sí, tuvieron dos números uno consecutivos) se decantaran por “The Dream” antes que por Jordan en el número 1 es un error relativamente menor, casi comprensible. Sin embargo, el número dos de ese draft, Sam Bowie, será recordado por toda la eternidad como “el tipo al que los Blazers prefirieron elegir antes que a Mike”. Bowie, un mostrenco de 2,15, jugaría 11 años en la liga sin justificar en ningún momento su presencia en ese draft entre tipos que acabarían convertidos en dioses del baloncesto. Tras la metedura de pata de los Blazers, los Bulls, claro, vieron abrirse las puertas del cielo para ellos y eligieron sin dudarlo a Jordan. La maniobra les acabaría reportando seis anillos y convirtiéndoles en el mejor equipo de los noventa. Por detrás de Jordan (no es necesario que explique nada más sobre él, ¿no…?), los Dallas Mavericks también cometieron otro pequeño gran error, eligiendo a un compañero de Jordan en Carolina del Norte, Sam Perkins, por encima de “Sir Charles”. Perkins era sin duda un jugador muy prometedor, había ganado la medalla olímpica del 84 junto a Jordan (aplastando a España, por cierto), y tenía una muñeca privilegiada. Pero nunca acabó de explotar definitivamente, alejándose cada vez más de la canasta a cada año que pasaba, hasta convertirse en un jugador que parecía tenerle alergia al tablero y sólo tiraba de tres. Eso sí, cómo tiraba… Los Sixers, como habían hecho los Bulls dos puestos más arriba, no desaprovecharon el regalo y draftearon a Charles Barkley en quinta posición. El “Gordo” estalló en cuanto llegó a Philadelphia, convirtiéndose en un auténtico carpanta de los aros con su 1,98 de estatura. Barkley era una fuerza de la naturaleza, no sólo física, sino también mental: pocos estaban a su altura en cuanto a entrega, y tenía una depurada técnica inusual en un hombre interior, fruto de sus años jóvenes, en los que había jugador por fuera. Sin embargo, los Sixers de mediados de los ochenta ya eran un equipo en declive, y Barkley desperdició su talento en los ocho años que pasó allí. Buscando un equipo que le permitiera ganar un anillo, el Gordo fue traspasado a los Suns en el año 92, después de haber ganado el oro de Barcelona. Aunque ganó el MVP en su primer año en Phoenix, el anillo continuó eludiéndole, como lo haría durante toda su carrera. De hecho, Barkley forma parte de un selecto grupo de súper estrellas que tienen el triste honor de no haber ganado un anillo en su carrera: entre ellas se cuentan Patrick Ewing, John Stockton, Karl Malone o Reggie Miller. Pero Barkley no cejó en su búsqueda: ni siquiera cuando empezó a sufrir lesiones crónicas dejó de darlo todo, primero en los Suns y luego en los Rockets, donde recaló en 1996 en un último intento desesperado por ganar el anillo junto a Olajuwon y Drexler. Pero fue en vano: los Utah Jazz se cruzarían una y otra vez en su camino, eliminando a Houston y frustrando repetidas veces el sueño dorado de Sir Charles. A uno casi ni le extraña que muestre tanta bilis como comentarista televisivo, después de haber jugado tan bien y haber ganado tan poco…

Por debajo de estas súper estrellas también hubo algunos jugadores interesantes en ese draft: los Spurs eligieron en séptimo lugar a Alvin Robertson, un buen defensor que jugaría en Spurs y Bucks. En esa primera ronda también aparecieron Otis Thorpe (nº 9, Kansas City Kings), Kevin Willis (nº 11, Hawks) y, en un insólito puesto 16, un pequeño base blanco llamado John Stockton. Creo que ni siquiera los Jazz sabían la ganga que se estaban llevando: el mejor pasador de la historia de la liga, el hombre que más balones ha robado (ambos récords con bastante diferencia respecto al segundo), el 50% de la mejor pareja de los ochenta… y también otro del club de Barkley, que se retiraría sin un anillo. Pese a que dio todo lo que tenía dentro, perdió las dos finales que jugaron los Jazz, su equipo de toda la vida, contra los Bulls. Pero eso es sólo un pequeño borrón en un historial ejemplar. A partir de la segunda ronda la cosa empezó a ser más mediocre. Apenas destacan nombres como los de Jerome Kersey (nº 46, Blazers)… y muy, muy abajo, un nombre que por entonces ya empezaba a ser una auténtica leyenda en el resto del mundo: Oscar Schmidt (nº 133, Nets), otro que nunca jugaría en Estados Unidos, claro. Sí, no es mucha cosa, pero con esa primera ronda… ¿quién va a pedir más?

Por último, decir que 1984 sería el último año en que se utilizaba el lanzamiento de moneda para determinar qué equipo elegía primero en el draft. A partir del año siguiente aparecería la lotería, que se mantendría en una u otra forma hasta la actualidad.

Patrick Ewing

1985: Tras lo del 84, cualquier cosa habría parecido pobre. Pero el del 85 no fue, ni mucho menos, un mal draft. De hecho, fue fantástico. Empezando por el número uno, el jamaicano Patrick Ewing, elegido por los New York Knicks y ex compañero de Jordan, Perkins y compañía en Los Ángeles 84. Los Knicks se llevaron el gordo en la primera lotería, que daba a los siete últimos clasificados de la liga las mismas opciones de llevarse el número uno. Ewing se convertiría en una leyenda en la Gran Manzana, pero sería otro que se retiraría sin anillo, pese a promediar 21 puntos por partido a lo largo de toda su carrera. En el número dos, los Indiana Pacers eligieron a Wayman Tisdale, un “4″ anotador que jugó en Indiana, Sacramento y Phoenix pero que nunca llegó a destacar. Lo mismo se puede decir del número 3, Benoit Benjamin, del que se esperaban muchas cosas pero que nunca llegó a nada. El número cuatro del draft fue Xavier McDaniel, otro magnífico ala-pívot elegido por los Supersonics que siempre destacó por fu facilidad para anotar. Pero “X” tampoco tendría suerte, ni en sus años en Seattle ni en el declive de su carrera, ya en los Celtics. Pero tanto Tisdale como Benjamin y McDaniel parecen auténticos cracks ante los números 5 y 6 del draft: Jon Koncak (Hawks) y Joe Kleine (Kings). Las dos “K” fueron probablemente dos de los peores pívots blancos de todos los tiempos, pese a su enorme tamaño (ambos en torno a los 2,13). Sin embargo, dentro de sus lamentables números, hay que reconocer que Koncak era aún peor que Kleine. Al menos éste tuvo la inteligencia (o la suerte) de jugar también en Los Ángeles con el equipo de Jordan, con el que se reunió en los Bulls del 98, y al menos cuenta con un anillo en su haber. (Injusticias de la vida: Kleine tiene un anillo promediando menos de 5 puntos a lo largo de su carrera; Barkley, Stockton, Malone y compañía no ganaron nunca nada.) De Koncak, lo único que se recuerda es el contratazo que firmó con los Hawks en 1989, por la friolera de 13 millones de dólares. Más de lo que cobraban Jordan, Magic o Bird por entonces. Y con la diferencia de que Koncak era suplente y promediaba 20 minutos, 4 puntos y 6 rebotes por partido. Koncak se merece un “Vergüenzas del basket” para él solo, y lo tendrá.

Por debajo de la “doble K”, la cosa mejoró: las tres siguientes elecciones fueron Chris Mullin, Detlef Schrempf y Charles Oakley. Mullin, uno de los tiradores más puros de la historia de la liga, formó parte de los Warriors más alegres de finales de los ochenta, acompañando a Tim Hardaway y Mitch Richmond en el llamado “Run T-M-C” supervisado por Don Nelson. Superados sus problemas con el alcohol, formó parte del Dream Team original, con el que ganó su segundo oro olímpico (también había acompañado a Jordan, Ewing y demás en el 84). Drafteado por los Mavericks, Schrempf fue el mejor alemán de la liga antes de la llegada de Nowitzki y ganó dos años seguidos el premio al Mejor Sexto Hombre de la Liga en los Pacers antes de ser traspasado a los Seattle Supersonics, donde llegó a convertirse en una amenaza tremendamente versátil. Junto a los Gary Payton, Shawn Kemp y compañía, Schrempf jugó (y perdió) la final de la NBA de 1996 frente a los Chicago Bulls. Por su parte, Oakley fue un luchador toda su carrera, y dio sus mejores años en los New York Knicks, acompañando a Ewing en el juego interior.

Pero lo mejor del draft estaba por llegar: en el puesto 13, los Utah Jazz eligieron a un musculoso ala-pívot llamado Karl Malone que estaba destinado a hacer historia en la liga… pese a no ganar un solo anillo. El “Cartero” tuvo un entendimiento instantáneo con John Stockton y se convirtió en una máquina de meter puntos de todas las maneras posibles: juego interior, suspensiones exteriores, contraataques… Como decían en su momento, “the Mailman always delivers”, “el Cartero siempre entrega”, y vaya que si entregaba: es el segundo máximo anotador de la historia de la liga, sólo superado por Kareem Abdul-Jabbar. En 2003, tras dieciocho años en los Jazz, con los que perdió dos finales contra los Bulls, Malone haría un último intento desesperado por conseguir un anillo, y renunciando a mucho dinero eligió irse a los Lakers. Allí, junto con Kobe Bryant, Shaquille O’Neal y otro agente libre desesperado por conseguir un título, Gary Payton, Malone recibió un último golpe demoledor, perdiendo la final ante los Detroit Pistons. Perra vida, Karl…

¿Cómo, que aún hay más? Pues sí, hubo más, y casi todo en la primera ronda: Joe Dumars (bicampeón con los Pistons y actual GM de Detroit), Bill Wennington, A.C. Green, Terry Porter, Manute Bol (que, ahora sí, sí tendría permiso para jugar en la liga y tirar todos los triples que quisiera), Gerald Wilkins… y, en el puesto 38, en la segunda ronda, el que sería el primer español en la NBA: Fernando Martín. El pobre Fernando fue traspasado a Portland, donde sólo disputó 24 míseros partidos, promediando apenas 6 minutos de juego. Sin duda, era demasiado pronto para el desembarco internacional masivo en la NBA. Y no lo digo sólo por Martín. Mucho más abajo, en el puesto 77, los Atlanta Hawks elegían a Arvydas Sabonis. Pero el Zar tardaría diez años en terminar jugando en la liga (y cómo…), y además lo haría en las filas de Portland.

Brad Daugherty

1986: El del 86 sí que fue un draft que dio un pequeño bajoncillo e incluso tuvo connotaciones trágicas. Para empezar, su número uno, Brad Daugherty, elegido por los Cleveland Cavaliers, no fue precisamente una súper estrella, pese a desarrollar un juego sólido en los Cavs durante los ocho años que jugó en la liga, tras los cuales tuvo que retirarse por problemas crónicos en la espalda. Fue aquel un buen draft para los Cavs, que tenían una elección más en primera ronda (Ron Harper) y además se llevaron los derechos de Mark Price. Los tres formarían un trío interesante en los Cavs de finales de los ochenta. El número dos del draft fue Len Bias, tristemente fallecido al día siguiente de ser fichado por los Boston Celtics. No, no fue una gran primera ronda, sin duda. Además de Harper, cañonero en Cleveland y reinventado como “multiusos” en los últimos Bulls de Jordan, sólo cabe destacar a Roy Tarpley (nº 7, Mavericks), un buen “4″ que sería expulsado de la liga por consumo de drogas. A esa primera ronda también se asomó gente como Walter Berry, Dell Curry y Scott Skiles. No demasiado, la verdad. La segunda ronda fue algo más interesante: empezando por Mark Price (el mejor tirador desde la línea de tiros libres en la historia de la liga), por allí pulularon también Nate McMillan, Jeff Hornacek… y Dennis Rodman. El “Gusano” fue elegido en el número 27 por los Detroit Pistons, donde ya se caracterizó como un tremendo reboteador (con sus 2,02) y un lamentable anotador. Pero para meter puntos ya estaban otros. Rodman lideraría la liga en rebotes nada menos que siete temporadas seguidas, incluida una en la que se acercó a los 19 rechaces por encuentro. Además de los dos anillos ganados con los Pistons, años más tarde, ya en los Bulls, y bien entrado en la treintena, ganaría otros tres junto a Jordan, Pippen y demás. No está nada mal…

Para terminar, en tercera ronda de ese año los Portland Trail Blazers eligieron, en el puesto 60, a un yugoslavo llamado Drazen Petrovic. Tras un complicado año en Portland y otro de transición entre Blazers y Nets, el Genio de Sibenik estallaría definitivamente en New Jersey, superando los 20 puntos por partido en dos temporadas consecutivas antes de que un trágico accidente privara a la NBA, y al mundo, de su desbordante talento. Otro europeo drafteado ese año, con menos éxito, fue el ruso Alexander Volkov, que sólo jugó un par de temporadas en los Hawks, con resultados más bien discretos. Pero era oficial: la invasión internacional de la NBA había comenzado.

David Robinson, “el Almirante”

1987: La liga introdujo un cambio en las reglas del draft para el 87. La lotería sólo afectaría a los tres peores equipos, marcando su orden de elección. De esta forma, ninguno de ellos eligiría por debajo del número cuatro. El resto de equipos elegirían en sentido inverso a su clasificación final. El gordo en este caso fue para los San Antonio Spurs, que ese año pondrían la primera pieza de una intermitente dinastía que a día de hoy da sus últimos estertores. San Antonio eligió a David Robinson, un pívot de 2,15 que haría sufrir a los Spurs dos años mientras cumplía su servicio militar en la Marina norteamericana. Pero ay, amigos, cuando jugó, ¡cómo lo hizo! Durante toda su carrera fue un hombre de 20 puntos, 10 rebotes y 3 tapones como mínimo, elegido rookie del año e incluso Jugador Defensivo del Año en 1992. Más tarde, ya con Tim Duncan a su lado, al fin logró el sueño del título, ganando dos anillos en 1999 y 2003 antes de retirarse ese mismo año. Por debajo del Almirante, y en una primera ronda bastante completita, cabe destacar a Scottie Pippen, escudero de Jordan en los Bulls y eternamente ninguneado como un jugador mediocre (aunque hay quien dice que estaba sobrevalorado); Reggie Miller, el hombre que más triples ha metido en la historia de la liga, y otro del “Club de los Sin Anillo”; Kevin Johnson, uno de los mejores bases de los noventa, en especial en su etapa en Phoenix Suns; y Horace Grant, popularmente conocido como “el Señor de los Anillos”, que tuvo sus mejores días en los Bulls y que acumuló hasta cuatro títulos. También en esa primera ronda estaban Mark Jackson, el también fallecido Reggie Lewis… y, en el número 15, elegido por Utah Jazz, José “Piculín” Ortiz, que jugó poco más de una temporada en Estados Unidos antes de darse cuenta de que aquello no era lo suyo. En rondas posteriores, más nombres internacionales que nunca llegaron a jugar en la liga, como el griego Christodolou… o nuestro José Antonio Montero. Y allá por el puesto 127, en la sexta ronda, los Golden State Warriors elegían a Sarunas Marciulonis. El lituano sería, junto a Petrovic, uno de los europeos que “abriría la lata” de la NBA con su juego. Jugó cuatro años en los Warriors (promediando 19 y 17,4 puntos en los dos últimos, en los que estuvo a punto de ganar el premio al Mejor Sexto Hombre), antes de pasar por Seattle, Sacramento y Denver, donde su juego dio un bajón.

Danny Manning

1988: El 88 también fue un año flojo. Su número uno, Danny Maning, escogido por Los Angeles Clippers, nunca llegó a destacar como un gran jugador. Lo mismo se puede decir de las elecciones inmediatamente posteriores: Rik Smits, Hersey Hawkins, Ronny Seikaly, Will Perdue, Dan Majerle, Rod Strickland… jugadores interesantes todos ellos, pero poco más. Tal vez de lo mejorcito de esa primera ronda fuera un cañonero como Mitch Richmond, número 5 por los Warriors, que brilló por encima de los 20 puntos por partido tanto en Golden State como en Sacramento. También en la segunda ronda y posteriores cuesta encontrar jugadores realmente válidos. Lo que es peor, en este draft, probablemente el más triste de la década, sólo habría tres rondas, a modo de prólogo de la normativa que entraría en vigor al año siguiente.

Pervis Ellison

1989: A partir de ese año se decidió que sólo hubiera dos rondas de selección, norma que se ha mantenido hasta el día de hoy. Pese a ser un draft tirando a flojito, no alcanzó el nivel desesperante del 88. Su número uno, Pervis Ellison, un ala-pívot elegido por los Kings, podría haber llegado a más de no haber sufrido todo tipo de lesiones que acabaron convirtiéndole en un jugador mediocre en los Celtics, tras un paso triunfal por los Bullets, donde incluso ganó el premio al Jugador con Mayor Progresión en el 92. Los Clippers metieron la pata por enésima vez y eligieron a Danny Ferry en el número dos, pero los Spurs no fallaron en el tres y ficharon al interesante Sean Elliott. Elliott, uno de los mayores “pupas” de la liga, desarrolló casi toda su carrera en San Antonio, donde dejó patente su buena puntería. Por detrás de él, los recién nacidos Miami Heat elegirían a otro cañonero como Glen Rice, que jugó en Miami y Charlotte antes de ganar un anillo con los Lakers en 2000. George McCloud, Mookie Blaylock, B.J. Armstrong… la lista de nombres interesantes es nutrida, pero dos destacan por encima de los demás. En el puesto 14, los Warriors elegían a un potente base llamado Tim Hardaway que se convertiría en uno de los mejores jugones de los siguientes años, sobre todo en Golden State y Miami. Un poco más abajo, en el 17, los Sonics escogían a Shawn Kemp, un espectacular y plástico ala-pívot que sería el hombre franquicia del equipo durante los siguientes años. “Reign Man” jugó ocho brillantes años en Seattle, donde formó una pareja letal con Gary Payton, antes de ser traspasado a Cleveland tras fracasar en la final de la NBA contra los Bulls. Aunque se retiró en 2003, Kemp ha intentado regresar varias veces al juego activo, pero su lamentable estado físico siempre se lo ha impedido… mejor recordarle en su cénit, sí.

Mientras tanto, el “poder europeo” seguía filtrándose en la liga. Ese año llegaron dos balcánicos más que dejarían su huella en la NBA. En el puesto 26, los Lakers elegían a Vlade Divac, que desarrollaría una sólida carrera, primero en los Lakers y más tarde en Sacramento Kings. Divac, un center jugón como pocos, dejó marca de su estilo en los equipos que jugó, y aunque era lo que se conoce popularmente como un vago, cuando le apetecía jugar era todo un espectáculo para la vista. El otro balcánico elegido ese año fue Dino Radja, escogido por los Celtics en el puesto 40. Radja jugó sólo cuatro años en Boston, pero fue de lo mejorcito de unos Celtics que daban pena a principios de los noventa. Sus números, cercanos a los 17 puntos y por encima de los 8 rebotes de media, parecían prometer grandes cosas, pero su físico empezó a resentirse y terminó volviendo a Europa.

Y así, con la liga sufriendo la primera oleada de “invasores extranjeros”, se llegaba al final de los ochenta, década en la que se vieron probablemente los mejores drafts de la historia de la liga… y también alguno de los peores. En los noventa se mantendría el flujo de jugadores llegados de fuera del país y empezaría a darse otra circunstancia que marcaría la década: la llegada de jugadores directamente desde high school. Pero eso es otra historia…

Próximamente: El draft en los años noventa (y mientras esperas, puedes ver qué ocurrió en los drafts de los cincuenta, los sesenta y los setenta).

Fuentes: Wikipedia, Hoopedia, NBA Encyclopedia y una que no termina en “-edia”: Basketball Reference.

Una respuesta para “Historia del draft: Los ochenta”

  1. Frank Dice:

    Brutal tu post!

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