Así como los noventa supusieron un pequeño gran bajón en espectacularidad y calidad en el nivel medio de la liga, también buen parte de los drafts de esos años palidecerían en comparación con algunos de los ochenta. Eso no quiere decir, claro, que no hubiera buenos números uno, que los hubo. Simplemente, el nivel medio bajó un poquito, sobre todo en las segundas rondas… ¿Sería tal vez consecuencia de la repentina irrupción en la liga de jugadores que se saltaban sus años de universidad? ¿O de la invasión extranjera, que no sólo se mantenía, sino que crecía a cada año que pasaba?
Derrick Coleman
1990: Probablemente el del 90 fue el peor draft de la década. Además, hubo un nuevo (y enésimo) cambio de reglas en la lotería: se pasaría al llamado “sistema compensado”, aún vigente hoy en día, por el que la lotería afectaba a los 11 peores clasificados de la liga. El último equipo recibía 11 probabilidades de ganar el número uno, el penúltimo 10 probabilidades, y así sucesivamente. Un sistema innecesariamente complicado y tan justo (o injusto) como los demás, como ya se ha comprobado en varias ocasiones. En cualquier caso, el número uno, elegido por los New Jersey Nets, fue Derrick Coleman, un fortísimo 4-5 que dio sus mejores años en los Nets. Hábil en el poste y con un buen tirito a media distancia, Coleman fue rookie del año y poco más, pese a sus buenos promedios, cercanos a los 20 puntos y 10 rebotes en sus primeras temporadas. Lo mejor del draft llegaría justo después de Coleman: con el número 2, los Seattle Supersonics elegían a un jugón como Gary Payton. “The Glove”, así llamado por su calidad como defensor, formó como ya se ha comentado una formidable pareja con Shawn Kemp en los Sonics, llegando a disputar incluso una final NBA. Tras separarse de “Reign Man”, Payton se quedó algún año más en los Sonics antes de recalar en los Lakers, previo paso por los Bucks, en un intento fútil por conseguir un anillo que le había esquivado toda su carrera. Frustrado también ese intento, siguió jugando (de forma más bien discreta) con los Heat hasta retirarse el año pasado, convertido en el tercer jugador con más robos en la historia de la liga (sólo superado por John Stockton y Michael Jordan).
Por detrás de Payton, la cosa cayó en picado: Dennis Scott (nº 4, Orlando), Kendall Gill (nº 5, Hornets) y Elden Campbell (nº 27, Lakers) fueron probablemente lo mejor de esa primera ronda. En la segunda había alguna perlita escondida. La primera de ellas llegaba de Croacia: se llamaba Toni Kukoc y ya había puesto Europa a sus pies antes de decidir dar el salto a la NBA. Le eligieron los Bulls en el puesto 30, y en los Bulls ganó tres anillos, casi siempre saliendo desde el banquillo y demostrando sus dos grandes virtudes: su polivalencia y su letal puntería en los momentos más calientes. Kukoc se convertiría luego en un trotamundos de la liga, pasando por Sixers, Hawks y Bucks antes de retirarse hace un par de temporadas. Otra perla, ésta más en bruto, fue Antonio Davis, elegido por los Pacerse en el puesto 46, un roqueño jugador interior que se caracterizaría por su juego duro y capacidad reboteadora a lo largo de su dilatada carrera en la liga. Y tampoco hay que olvidar a uno de los pocos jugadores de segunda ronda que han llegado a jugar un All-Star: Cedric Ceballos, un alero drafteado por los Phoenix Suns en el puesto 48. Aunque le costó arrancar unos años, Ceballos tuvo un par de buenas temporadas en los Suns antes de dar el salto a unos Lakers ya muy empobrecidos, donde se convirtió en una de sus principales referencias ofensivas. También es recordado por ganar el concurso de mates de 1992 con un mate con los ojos vendados. Una hazaña que bien merece un vídeo. Eso sí, es una pena que sea tan complicado técnicamente como aburrido estéticamente:
Larry Johnson
1991: El número uno de ese año fue Larry Johnson, drafteado por los Charlotte Hornets. LJ, un fortísimo alero de 2,01, había tenido una carrera formidable como universitario, pero aunque fue un gran jugador profesional, nunca alcanzó el auténtico estrellato en la liga. En sus cinco años en los Hornets demostró su polivalencia, y después de eso dio el salto a los Knicks, con los que incluso disputó una final, frente a los San Antonio Spurs de Tim Duncan y David Robinson, que los de Nueva York perdieron. Se retiró relativamente pronto, a los 31 años, aquejado de males de espalda crónicos. En el número cuatro nos encontramos con el primer jugador que aún sigue en activo (al menos hasta esta temporada): Dikembe Mutombo. Sí, amigos, ésa era la calidad de aquellos drafts. Aun así, hay que reconocer que en sus buenos tiempos, Mutombo era una fuerza a tener en cuenta, en particular en el aspecto de la intimidación: lideró la liga en tapones durante tres años consecutivos, y fue elegido Jugador Defensivo del Año nada menos que en cuatro ocasiones, récord que comparte con Ben Wallace (aunque, reconozcámoslo, el premio sólo existe desde el 82). El resto de primera ronda tuvo alguna cosita más interesante: un súper clase incomprendido como Steve Smith (nº 5, Miami), un fantástico base que no llegó a más por culpa de las lesiones como Terrell Brandon (nº 11, Cleveland Cavaliers)… y uno de esos jugadores inclasificables como Rick Fox, mezcla de actor de opereta y triplista que ganó, casi sin quererlo, tres anillos con los Lakers de Shaq y Kobe. La segunda ronda del draft del 91 fue auténticamente desoladora. Tan desoladora que me ha resultado prácticamente imposible encontrar a alguien a quien destacar, y prefiero dejarlo en que por allí rondaba Zan Tabak, drafteado por Houston Rockets en el puesto 51, que jugaría seis años en la liga promediando 5 puntitos. Eh… vale, tal vez fue el draft del 91, y no el del 90, el peor de la década. Pero no vamos a discutir por eso, ¿verdad?
Shaquille O’Neal, último gran dominador de la liga
1992: El año olímpico barcelonés trajo un número uno a la altura de las circunstancias. Un jugador que dominaría la liga en lo deportivo durante casi una década y que daría casi tanto juego fuera de las canchas como dentro de ellas. Fuerza de la naturaleza, personaje mediático, rapero de pro e incluso actorzucho de cine en sus ratos libres, hablo del hombre de un millar de motes, del mismísimo Gran Aristóteles, del creador del Artículo 34: del único, el inigualable, Shaquille O’Neal, drafteado por los Orlando Magic. Su fichaje hizo rememorar viejos tiempos en los que un solo jugador cambiaba con su llegada el rumbo de una franquicia entera. Hay un antes y un después de la llegada de Shaq (y sus 2,16 de estatura) a Orlando. En sólo tres años, llevó a una franquicia mediocre hasta la final de la NBA en el 95, donde perdieron frente a los Houston Rockets. Y es que junto con Anfernee Hardaway, drafteado un año después, Shaq formaría una pareja imparable que colocaría por primera vez a los Magic en el mapa. Pero a nivel personal, la irrupción de Shaquille sólo puede compararse a la de los más grandes de la historia de la liga. Fue rookie del año promediando más de 23 puntos, casi 14 rebotes y 3,5 tapones por partido. En esa primera temporada, destrozó el aro en dos ocasiones a causa de la violencia de sus mates. Ojito al siguiente vídeo, y atención a la carita que se les queda a Tom Chambers y Danny Ainge en el banquillo:
Pero Shaq no paró ahí, y siguió creciendo de forma imparable como jugador. Su primer triple doble, conseguido en su segundo año como profesional, da miedo: 24 puntos, 28 rebotes y 15 tapones frente a los New Jersey Nets. Para 1996, los Magic se le habían quedado pequeños, y O’Neal cogió el único camino que le llevaría hacia la grandeza: fichó por los Lakers, donde ganaría tres anillos junto con Kobe Bryant. 14 All-Stars, 3 MVPs de las Finales… Shaq lo hizo todo, incluso marcharse de los Lakers a los Heat para demostrar cuál de los dos, si él o Kobe, era el factor diferencial en los Lakers. El anillo logrado en Miami en la temporada 2006 le dio la razón. Como todos sabemos, hoy en día Shaquille sigue jugando, convertido en una sombra de sí mismo, en Phoenix Suns. De esa etapa, de ese Shaq, casi preferimos no hablar.
Pero sí que hablaremos más de Miami, donde haría historia el número dos del draft del 92: Alonzo Mourning. De no haber estado Shaq por delante, Mourning habría sido sin duda el número uno, el mejor de su generación. Otro portento físico con sus 2,08 de estatura y sus descomunales músculos, “Zo” sería el rey de los Heat durante los noventa, y sólo la falta de un reparto de acompañantes más adecuado le impidió alcanzar mayores cotas en su carrera. Una carrera que es un monumento a la superación, a la lucha contra la adversidad: aunque se le diagnosticó una gravísima dolencia renal al principio de la temporada 2000-20001, Mourning no se rindió, y tras recibir un trasplante de riñón de un familiar, volvió a la liga. Y aunque la enfermedad nos había devuelto a otro Zo, más desmejorado y menos físico, el bueno de Mourning supo perfectamente cómo reconvertirse en un jugador suplente, especializado en la intimidación y la defensa, donde antes había sido toda una referencia en ataque. Mourning ha seguido contribuyendo de forma más o menos regular en los Heat de los últimos años… y dicen las malas lenguas que tiene pensado volver para la temporada 2008-2009.
Por detrás de estos dos monstruos, claro, cualquiera habría parecido una medianía. Por desgracia, el número tres de ese draft no sólo parecía una medianía, sino que también lo era. Hablo de Christian Laettner, cuyo único mérito (y encima, cuestionable) a lo largo de su carrera es su inclusión en el Dream Team original como único jugador no profesional. Un enano caminando entre gigantes, vaya. Laettner fue drafteado por los Timberwolves, y aunque sus números, tanto en Minnesota como en Atlanta, fueron razonablemente sólidos (en torno a los 16 puntos y 8 rebotes por partido), nunca despegó realmente como jugador, y ni mucho menos justifició su presencia en Barcelona. Por detrás de Laettner, la mediocridad reinó en el draft, con algunos destellos puntuales: Tom Gugliotta (nº 6, Bullets), Doug Christie (nº 17, Seattle Supersonics)… ah, sí, y dos jugadores que han sido noticia hasta hace relativamente poco: Robert Horry (nº 11, Houston Rockets) y Latrell Sprewell (nº 24, Golden State Warriors). Los dos son sobradamente conocidos: el primero fue un soberbio tirador antes de convertirse en un soberbio jugador sucio, y el segundo empezó intentando estrangular a su entrenador en los Warriors, y a partir de ahí fue todo cuesta abajo…
En la segunda ronda la cosa fue igual de flojita, pero hay algunos nombres que se salvan de la quema: en el número 29, los Nets fichaban a uno que acaba de ganar el anillo de campeón de la NBA, P.J. Brown. En el 43, los Warriors volvían a apostar por el talento europeo y fichaban a Sasha Danilovic, que daría buenas sensaciones en sus dos años en la liga. Sin embargo, volvió a Europa en el 97. Y otro que se vino a Europa tras ser drafteado en el 92 es un viejo conocido de la ACB: Elmer Bennett, elegido por los Hawks en el puesto 38, que sólo jugó 21 partidos en la liga… ¡en tres temporadas y cuatro equipos diferentes!
Chris Webber
1993: Por segundo año consecutivo los Orlando Magic ganaron la lotería del interesante draft del 93 (¡viva la lotería aleatoria!) y volvieron a demostrar su buen ojo eligiendo a todo un súper clase como Chris Webber. Los Magic traspasaron inmediatamente a Webber a Golden State a cambio de “Penny” Hardaway y tres elecciones de primera ronda… y la verdad es que los dos equipos salieron beneficiados. Webber daría señales de su clase allá donde fuera: Warriors, Bullets, Kings, Sixers… sus mejores años fueron en Sacramento, donde a mediados de los noventa formó parte de uno de los equipos que mejor jugaba al baloncesto en aquella época. Pero tampoco ganó ningún anillo en su carrera. Se retiró este mismo año, tras un intento de regreso frustrado en sus Warriors. En el número dos, los Sixers eligieron a Shawn Bradley, un altísimo (2,29) pívot blanco que ponía tapones con enorme facilidad, la misma facilidad que tenía para quedar posterizado ante jugadores mucho más bajos que él. El número tres fue el ya mencionado Hardaway, un base de 2,01 en el que muchos veían al heredero de Magic Johnson. Pero aunque Penny era bueno, muy bueno, no era Magic, como pronto se demostró. El del 93 fue también un draft con muy buenos jugadores con muy mala cabeza (Isiah Rider, nº 5 con los Timberwolves, o Vin Baker, nº 8 con los Bucks) o con muy mala suerte con las lesiones (Jamal Mashburn, nº 4 con los Mavericks, o Allan Houston, nº 11 con los Pistons). En cualquier caso, fue una muy buena primera ronda, con jugadores que aún siguen en activo como Sam Cassell o Lindsay Hunter. La segunda ronda fue algo más floja, aunque destaca la fallida apuesta que hicieron los Washington Bullets por Gheorghe Muresan, el gigante (2,31) rumano. Muresan sólo jugaría cinco años en la liga, en una de las cuales al menos fue nombrado Jugador con Mayor Progresión. Terminaría su carrera jugando en Francia. En esa segunda ronda también cabe destacar los nombres de Nick Van Exel, Bryon Russell o Marcelo Nicola (elegido por los Rockets en el número 50, aunque nunca jugaría en la NBA).
Glenn Robinson
1994: El buen tono del 93 se mantuvo en el 94, aunque perdió un poco de lustre.El número uno fue un jugador interesante (Glenn “Mad Dog” Robinson, un cañonero que rondó los 20 puntos durante toda su carrera), y los números dos y tres serían jugadores repletos de talento: Jason Kidd (Mavericks) y Grant Hill (Pistons). Kidd fue el mejor base de la liga en los primeros años del nuevo siglo, pero ha sido otro al que el anillo le ha eludido fuera adonde fuera… incluso tras regresar a los Mavericks este mismo año. A Hill le persiguieron otros males mucho más físicos, y vio cómo una meteórica carrera se veía truncada por una lesión tras otra. Fue uno de los primeros a los que le colgaron la injusta etiqueta de “heredero de Michael Jordan“. Hill no era Mike, pero sí un jugador luchador que volvió a levantarse después de cada lesión. Aún este mismo año ha hecho cosas interesantes en los Suns. Por detrás de ellos, Timberwolves y Bullets escogían a Donyell Marshall y Juwan Howard, jugadores de los que se esperaba mucho y que más pronto o más tarde terminaron estancándose, aunque ambos tuvieron momentos brillantes a principios de la siguiente década. En esa primera ronda también cabe destacar a Eddie Jones (nº 10, Lakers) y Jalen Rose (nº 13, Nuggets). Los dos siguen “jugando” hoy en día, aunque sin duda han visto días mejores, mucho mejores. En la segunda ronda, bastante más floja, apenas cabe destacar la presencia de nuestro viejo amigo Jim McIlvaine y de Voshon Lenard, elegido en el puesto 46 por los Bucks.
Joe Smith… con una épica que nunca tuvo
1995: El draft del 95 fue el día (en la primera ronda) y la noche (en la segunda). Un día deslumbrante, aunque encabezado por un número uno, Joe Smith, que nunca alcanzó las expectativas depositadas en él. Pero por detrás tuvo nombres ciertamente impresionantes: Antonio McDyess, Jerry Stackhouse, Rasheed Wallace y, en el número cinco, el flamante campeón con los Boston Celtics, Kevin Garnett, que fue el primer jugador drafteado directamente desde high school desde que Moses Malone hiciera lo propio en 1974. Con ese póker de jugadores, la primera ronda había cumplido con creces, pero hubo alguna cosita más: algo más abajo, en el siete, aparecía Damon Stoudamire, drafteado por los Toronto Raptors. “Super Ratón” tuvo unos cuatro primeros años fantásticos en la liga, aunque con su traspaso a Portland, en los años más feos de los “Jail Blazers”, su rendimiento bajó mucho. También andaban por esa primera ronda Michael Finley, Theo Ratliff… y Greg Ostertag. Por contra, la segunda ronda fue una noche oscura como boca de lobo. Tan oscura que, de nuevo, me veo incapaz de destacar a ningún jugador.
Allen Iverson, “la Respuesta”.. sin anillo (por ahora)
1996: El draft del 96, que mantuvo el buen tono de los anteriores con una brillantísima primera ronda, vino liderado por la Respuesta. “The Answer”, que así es como se conoce aún hoy en día a Allen Iverson, fue escogido por los Sixers, en un intento por renovar la franquicia con un hombre pequeño y eléctrico. Iverson ha sido uno de los anotadores más temibles de la liga en la última década, pero nunca ha conseguido estar en un equipo ganador. Lo más cerca que estuvo del anillo fue la final que libró contra los Lakers en 2001, pero sus Sixers no tuvieron ninguna opción frente a la Mamba y Shaq. Fue traspasado a los Nuggets en un intento de buscar un equipo mejor, pero por ahora la cosa no le ha salido muy bien que digamos. El número dos de ese año fue Marcus Camby, elegido por los Raptors, al que siguieron Shareef Abdur-Rahim (Vancouver Grizzlies) y Stephon Marbury (Milwaukee Bucks). Buena materia prima, aunque ninguno de ellos alcanzó la gloria del triunfo. Tampoco lo hizo hasta este año el número 5, Ray Allen, pero su fichaje por los Boston Celtics, tras toda una vida en Seattle, parece que ha valido la pena. Pero habría que bajar hasta el número 13 para encontrar al auténtico “gordo” de ese draft. En aquella posición, los Charlotte Hornets eligieron a otro chaval salido directamente del instituto, un mocoso de 17 años que decía que si no jugaba en los Lakers, no lo haría en ningún sitio. El mocoso se llamaba Kobe Bryant y, efectivamente, fue traspasado a los Lakers a cambio de Vlade Divac. El resto es historia. Sólo algunos nombres más para definir lo que fue esta fantástica primera ronda: Peja Stojakovic (nº 14, Kings), Steve Nash (nº 15, Suns), Jermaine O’Neal (nº 17, Trail Blazers)… uauh. Por desgracia, la segunda ronda volvió a dar un enorme bajón de nivel, y en ella apenas cabe destacar a Shandon Anderson, Jeff McInnis… y a Marcus “Unicaja” Brown, por cierto, que sólo jugó 22 partiditos entre Portland y Detroit en su efímera carrera NBA.
Tim Duncan, y sus caras
1997: En 1996, los San Antonio Spurs habían sufrido una auténtica plaga de lesiones que les había hecho acabar entre los últimos puestos de la liga pese a tener un más que respetable equipo. Quiso la suerte que los Spurs, ya entrenados por Gregg Popovich, se llevaran el número uno del draft. Y quiso la sagacidad de sus scouts que los Spurs ficharan a un espigado joven de 2,11 originario de las Islas Vírgenes y con pasado como nadador: el joven se llamaba Tim Duncan, y sus días en remojo harían de él uno de los jugadores altos mejor coordinados en la historia de la liga. Unido al resto de Spurs, Duncan sólo tardó dos años en llevar al equipo hasta el anillo en el famoso año del lockout, en la temporada 98-99, cuando sólo se jugaron 50 partidos de regular season. Desde entonces, Duncan se ha mantenido como uno de los grandes dominadores de la liga: tiene tres anillos, ha sido MVP de las finales tres veces y MVP de la liga regular en dos ocasiones. Y aún le quedan unas cuantas gotas de calidad en la recámara, por cierto.
Por detrás de Duncan los 76ers elegirían a un jugador irregular como Keith Van Horn, que pese a apuntar buenas maneras como hombre alto tirador, al final se fue deshaciendo un poco más a cada año que pasaba, cual azucarillo. Más sólido resultó ser el número tres, un Chauncey Billups que aún hoy sigue dando guerra en los Pistons, después de haber pasado por Boston, Toronto, Denver y Minnesota. A partir de ahí la cosa flojea bastante, y abundan los jugadores mediocres o intermitentes, como Tim Thomas, Ron Mercer, Derek Anderson o Bobby Jackson. Bueno, en el número 9 los Raptors eligieron a Tracy McGrady. T-Mac formaría una interesante pareja de aleros con su primo Vince Carter en los Raptors antes de ser traspasado a los Magic y más tarde a los Rockets. En ninguno de los dos equipos demostró ser la súper estrella que muchos vaticinaban. Lo que sí demostró fue que compartía con Carter el gen familiar de la irregularidad. De la segunda ronda, casi mejor no hablar. Como en el resto de década, estuvo integrada por jugadores que en su inmensa mayoría pasarían sin pena ni gloria por la liga. (Y, en el número 57, elegido por los Chicago Bulls, se asomaba nuestro gigantón español, Roberto Dueñas, que tampoco pisaría jamás los parquets norteamericano.)
Michael Olowokandi… ¿el peor número uno después de Kwame?
1998: De no haber existido Kwame Brown algunos años más tarde, el número uno del 98 habría sido un sólido candidato al peor número uno de la historia. Me refiero, naturalmente, a Michael Olowokandi, un voluminoso center elegido por los Clippers que fue de mal en peor, pasando de promediar 11-12 puntos y 8 rebotitos a perderse en la medianía más absoluta en Minnesota y Boston. El año pasado ni siquiera consiguió engañar a ningún equipo para que le contratara… A todo ello hay que añadir un historial de problemas fuera de las pistas que tampoco le convertía precisamente en una perita en dulce a la hora de contratarle. Por suerte, lo que vino por detrás de Olowokandi estuvo algo mejor, en una primera ronda se caracterizó por una insidiosa alternancia entre los buenos jugadores y las castañitas que se habían colado por allí no se sabe muy bien por qué. Atención a la relación de los números 2 al 10: Mike Bibby, Raef LaFrentz, Antawn Jamison, Vince Carter, Robert Traylor, Jason Williams, Larry Hughes (¡el único e inigualable!), Dirk Nowitzki, Paul Pierce. Así es, amigos: jugadores como Larry “no le meto una ni al arco iris” Hughes o el monstruoso, por lo enorme (2,01 y casi 130 kg de peso) y lo malo que era, Robert Traylor fueron drafteados por delante de The Truth y Robin Hood. Traylor promedió algo menos de 5 puntos y de 4 rebotes en los siete años que pasó en la liga antes de darse cuenta de que lo suyo era comer rosquillas y ponerse (aún más) como un tonel. Sin duda, un ejemplo de ética profesional. Por suerte, la presencia de Bibby, Pierce, Nowitzki y demás salvan una primera ronda que habría podido resultar una de las más lamentables de todos los tiempos por la presencia de Olowokandi, Traylor y demás. Es más, incluso la segunda ronda tuvo alguna perlita que hacía tiempo que no se veía a esas alturas: en el número 32, los Sonics elegían a Rashard Lewis, hoy día establecido com uno de los mejores tiradores de la liga en Orlando, y en el 39 los Bucks drafteaban a Rafer Alston, que sin ser un base de primer nivel, siempre cumple allá donde va.
Elton Brand
1999: El último draft de la década también fue uno de los mejores, al menos en su primera ronda. Con alguna excepción, los diez primeros jugadores han tenido buenas carreras, empezando por el número uno, un Elton Brand que, si Dios es justo, terminará algún día en un equipo con opciones al título en el que pueda aportar su enorme calidad para algo más que para mantener su sobrenombre de “Mr. 20/10”. El número dos, escogido por los Vancouver Grizzlies, fue Steve Francis, un jugón que podría haber llegado muy lejos pero que por uno u otro motivo ha terminado convirtiéndose en un vagabundo con un desmesurado contrato que sólo los Knicks se atrevieron a asumir. Esta temporada volvió a Houston con un salario mucho más acorde a sus posibilidades, pero tampoco logró hacer nada por culpa de las lesiones. Por detrás de “Franchise” cabe destacar a gente como Baron Davis, Lamar Odom, Richard Hamilton, Andre Miller, Shawn Marion o Jason Terry, todos ellos dentro de los diez primeros, lo que da la idea de la calidad de esa generación. Completan la primera ronda nombres como Corey Maggette, Ron Artest, Andrei Kirilenko y alguno más. Todo ellos siguen en activo y se espera que en algún momento hagan algo más aparte de generar buenos números en equipos mediocres. Vale, de AK-47 se espera también que vuelva a ser el jugador polivalente que fue en tiempos y que deje de acosar a cheerleaders y groupies. La segunda ronda del draft, por desgracia, seguiría la tónica del resto de la década y sería un pozo ciego de medianías. Eso sí, un único nombre emerge de la inmundicia como un coloso, como un talento que jamás debió ser elegido en el número 57 por los San Antonio Spurs, sino mucho más arriba. Un hombre que en Europa ya lo había sido todo, y que se preparaba para tomar la NBA a golpe de entradas imparables, triples cruciales y floppings descarados: Emanuel “Manu” Ginóbili, campeón olímpico, tricampeón de la NBA con los Spurs y recientemente elegido Mejor Sexto Hombre de la temporada que acaba de terminar.
Así que terminados los noventa, ya estaban en liza todos, o casi todos los jugadores que hoy día dominan la liga. Sólo faltaba por llegar nuestro Pau Gasol, así como una nueva hornada de jugadores aparecidos en tropel en el draft de 2003, y que intentarán tomar la liga por asalto a lo largo de esta década. Pero ésa es otra historia…
Próximamente: El draft en la última década (y mientras esperas, puedes ver qué ocurrió en los drafts de los cincuenta, los sesenta, los setenta y los ochenta).
Fuentes: Wikipedia, Hoopedia, NBA Encyclopedia y una que no termina en “-edia”: Basketball Reference











6 Septiembre, 2008 a las 3:32 pm |
muy bueno la historia del draft!!! a mi me parecer el mejor draft salvando distancias fue el del año 1984, 1996 y el 2003 jeh!! segun mi criteria claro!!