En ocasiones, algunos de los que pululáis por aquí y un servidor hemos comentado jocosamente el ya histórico “caso Bob Sura” como muestra del extremo al que puede llegar la obsesión de un jugador por maquillar sus números. Para los que no lo conozcan, os pondré en antecedentes: allá por 2004, cuando jugaba en los Hawks, el bueno de Sura estaba a punto de completar nada menos que su tercer triple doble consecutivo en otros tantos partidos. Una hazaña encomiable, la verdad. Por desgracia, el partido se terminaba y le faltaba un rebote para redondear sus números. Desesperado, Sura decidió fallar una bandeja intencionadamente, para acto seguido coger su propio rebote y alcanzar así su objetivo. El triple doble fue oficialmente aceptado, al menos en un primer momento. Pero cuando Sura respondió a quienes le preguntaron por la jugada afirmando que se le había escapado el balón, David Stern y la NBA decidieron darle un escarmiento. Con las reglas en la mano, si se le había resbalado el balón no había llegado a realizar un tiro, y sin tiro no había rebote posible. El rebote fue borrado de su estadística y el pobre Sura se quedó sin su tan ansiado tercer triple doble.
Hasta hace poco, pensaba que el de Sura había sido el primer caso registrado de ansiedad triple-doblera. Pero gracias a los chicos de Basketbawful, y husmeando un poco más por ahí, descubro que antes que Sura ya hubo algún otro listo que intentó conseguir un triple doble sacrificando incluso su mismísima alma de deportista. El caso más flagrante fue el de Anthony Bowie. Bowie no pasó nunca de ser un jugador secundario, desarrollando casi toda su carrera deportiva en los Orlando Magic. Su momento álgido (para él, claro; para el resto de la humanidad, sería el momento deportivamente más bajo) tuvo lugar el 9 de marzo de 1996, cuando, con los Magic ganando de 20 a los Pistons, Bowie capturó un rebote que elevaba su línea estadística a 20 puntos, 10 rechaces y 9 asistencias. Por desgracia, sólo quedaban 2,7 segundos por jugarse, así que parecía que Bowie se iba a quedar con la miel en los labios. ¿Imposible? ¡No para Bowie, amigos! Para asombro de los asistentes al partido y de generaciones venideras de aficionados entre los que me incluyo, Bowie pidió de inmediato un tiempo muerto. Su entrenador, Brian Hill, no se creía lo que veía, y le entregó a Bowie su bloc antes de marcharse hecho una furia. (Sí señor, eso es lo que yo llamo un entrenador que sabe imponerse a sus jugadores.) Impertérrito, Bowie preparó una jugada por la cual él recibiría el balón y le lanzaría un pase alto a David Vaughn para que éste lo convirtiera en canasta. Mientras tanto, al otro lado de la cancha, los Pistons estaban atónitos. Doug Collins, por entonces entrenador de Detroit, se enfadó tanto que ordenó a sus jugadores que se hicieran a un lado de la pista cuando se reanudara el juego y no defendieran la jugada de Bowie. (El porqué, no logro entenderlo… lo suyo hubiera sido defenderle, aunque fuera haciendo falta, para demostrarle que estas cosas no se hacen). Los Pistons hicieron lo que les pedía su entrenador, así que imaginaos el espectáculo: con un equipo entero a un lado de la pista, los Magic sacaron de banda, Bowie le pasó el balón a Vaughn y éste machacó. ¡Un triple doble para Bowie, bien regado por una dosis de mezquindad y patetismo!
¿Creéis que Bowie se arrepintió después del espectáculo que acababa de dar? Para nada. Ojo a sus declaraciones tras el partido: “Probablemente jamás tenga la oportunidad de volver a repetirlo. Fue algo que dependió por completo de mí, el entrenador no tuvo nada que ver con el tiempo muerto. Cuando me dio su bloc, supe que todo dependía de mí. No se tienen muchas oportunidades así, y por eso hice lo que hice. Aceptaré las consecuencias. Me da igual. Fui a hablar con Doug Collins y le expliqué la situación, que era una gran oportunidad para mí, que no quería que nadie se enfadara. Pero no me escuchó.”
La verdad, no sé qué es peor, si el numerito del tiempo muerto o las declaraciones posteriores del tal Bowie. En cuanto a Hill, pidió disculpas públicamente en la rueda de prensa posterior al partido por un espectáculo tan bochornoso. Espectáculo que él mismo podría haberse ahorrado, claro, si se hubiera comportado como un entrenador digno de tal nombre y hubiera puesto firme a Bowie. Otros en Orlando no fueron tan críticos con su compañero. El mismísimo Shaquille O’Neal, que aún jugaba en los Magic, se puso de parte de su compañero: “Me alegro de que lo hiciera. No me importa quién se haya enfadado. A causa del talento que hay en este equipo, Anthony Bowie no tiene muchas oportunidades de jugar. Hoy la ha tenido. Ha salido y ha logrado el primer triple doble de su carrera. Me alegro por él y me importa un pimiento que Doug Collins se haya enfadado.” Ah, Shaq, el hombre de las declaraciones comedidas… (y por cierto, el “enorme talento” de los Magic sería barrido en finales de conferencia por los Bulls de Michael Jordan con un contundente 4-0).
Hay un tercer caso parecido, el que protagonizó nada menos que Ricky Davis en marzo de 2003. Lo de Davis no alcanzó el grado de teatralidad del triple doble de Bowie, pero tampoco fue tan sutil en su actuación como Sura. Por entonces el bueno de Ricky jugaba en los Cavs, y en un partido contra los Jazz había acumulado 28 puntos, 12 asistencias y 9 rebotes. Davis, ansioso por llegar al mágico triple doble, recibió un pase desde la banda con seis segundos por jugarse y se dirigió hacia su propia canasta para lanzar y coger el rebote. Por desgracia para él, DeShawn Stevenson (sí, ese DeShawn Stevenson) le vio las intenciones y le detuvo, frustrando así un triple doble que tampoco hubiese resultado válido: según las reglas de la NBA, está prohibido lanzar a canasta en tu propio aro, y el balón habría pasado inmediatamente a posesión del rival. El pobre Ricky no debía de saberlo, así que el ridículo fue doble… En cuanto a Stevenson, parece que por entonces aún tenía un mínimo de integridad, porque no se cortó un pelo en sus declaraciones: “Hay demasiada gente que ha hecho muchas cosas en este deporte como para que ahora alguien se comporte así. Esto es la NBA, hay que ser profesional, y su conducta no lo ha sido. Sí, creo que ha sido una falta de respeto hacia el deporte y hacia mí. Hay niños que le están viendo, y lo que ha intentado no está nada bien”. Sí, frotaos los ojos: es el mismo DeShawn Stevenson que en estos últimos playoffs tuvo una riña constante con LeBron James como si fuera un chiquillo de párvulos. Al parecer se dejó su ética en Salt Lake City.
La verdad es que de los tres casos, sólo el de Bob Sura me despierta cierta compasión. Lograr tres triples dobles seguidos hoy en día está al alcance de muy pocos, y supongo que al hombre le perdería la sed de gloria, por menor que fuera. Además, fue el único de los tres que mostró ciertos síntomas de arrepentimiento en sus declaraciones posteriores: “Lamento que mi intento de alcanzar mi tercer triple doble consecutivo haya causado tanta controversia. Nunca fue mi intención burlarme de este deporte ni desviar la atención de lo que fue una fantástica victoria del equipo sobre los Nets. Si he ofendido a alguien con mis acciones, pido disculpas con toda sinceridad.”
La verdad, parece increíble. ¿Tan importante es un condenado triple doble?



Escrito por Pistolero
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