Andrew Bogut: Los Bucks quieren retener a su center australiano, y le han ofrecido una extensión por cinco años y una cantidad cercana a los 75 millones de dólares, que el muchacho ha aceptado encantado, naturalmente. ¿Soy yo, o hay jugadores que se están llevando por la patilla contratos desorbitados? Claro que me acabo de acordar de los contratos que firmaron en su día Erick Dampier o Vince Carter, y veo que no es algo reciente. A ver qué tal se entiende con Richard Jefferson…
Brent Barry: El veterano escolta, que este año pasó bastante desapercibido en los Spurs (salvo para sufrir una falta decisiva a manos de Derek Fisher en playoffs que quedó impune), acaba de fichar por los Houston Rockets. Firma por dos años y por una cantidad sin confirmar. El chico se convierte así en el tercer miembro de la familia Barry en jugar en la franquicia, después de que ya lo hicieran su padre Rick y su hermano Jon.
Roger Mason: El agente libre que hasta ahora militaba en los Washington Wizards ha cambiado de aires y se ha marchado precisamente a los San Antonio Spurs, con los que ha firmado un contrato por dos años y 7 millones de dólares. Es un jugador de banquillo, que en la temporada pasada tuvo algún ocasional destello de calidad, y que supongo que tendrá un papel limitado en las rotaciones de Gregg Popovich.
JamesOn Curry, meón extraordinaire
Brad Miller y JamesOn Curry: Y aquí tenemos a los dos cebollos de la semana: Miller ha sido castigado con cinco partidos de sanción por la NBA por violar las reglas del programa de drogas de la liga, aunque no se ha anunciado qué sustancia se le detectó. Por su parte, JamesOn Curry (extraño nombre de un jugador en nómina de los Bulls que ni siquiera ha llegado a vestirse de corto con Chicago) ha sido sancionado un partido tras declararse culpable de cargos de resistencia contra la autoridad y orinar en público durante un incidente del pasado mes de enero. La historia de Curry tiene su miga: al parecer un policía de la localidad de Boise (Idaho) atisbó a un hombre orinando en un callejón cercano a un hotel a las dos y media de la madrugada. Al acercarse e identificarse, el hombre salió corriendo, y el poli, claro, le persiguió. Un crimen tan atroz no podía quedar sin castigo. La persecución continuó hasta que el hombre, que más tarde se confirmaría que era Curry, entró en el hotel e intentó escapar a través de una puerta… que estaba cerrada con llave. Ahora, Curry paga las consecuencias de su felonía. Por si alguien se está preguntando qué hacía el tipo meando en la calle en Idaho en pleno invierno a las dos y media de la madrugada, al parecer estaba celebrando la victoria de los Bulls sobre Miami… en la que él ni siquiera había asistido al partido, claro. Porque estaba en Idaho. La única duda que queda ahora es si estará algún día en disposición de cumplir esa sanción (o lo que es lo mismo, si jugará algún día un partido NBA)…


