
Madre mía, cómo está el verano. Si ayer hablábamos del fichaje de Kwame Brown por los Detroit Pistons, hoy toca hablar de otro movimiento sorprendente. Y es que Sacramento Kings y Houston Rockets han llegado a un acuerdo por el cual Ron Artest pasará a jugar en el equipo que entrena Rick Adelman (quien ya coincidió con Artest en los Kings hace unos años), mientras que los Kings se llevarían a Bobby Jackson, una primera ronda de draft del año que viene y un segundo jugador cuyo nombre no se ha revelado. Ese segundo jugador, dicen, parece la clave de todo el asunto: podría tratarse de Donte Greene, un prometedor rookie drafteado por los Grizzlies en el número 28 y traspasado de inmediato a los Rockets. Greene, un alero de 2,10, parece haber impresionado a propios y extraños en los campamentos de verano, y a los Kings les vendría de perlas en un equipo que está rejuveneciendo a marchas forzadas a la vez que conserva una interesante dosis de talento con los Kevin Martin, Francisco Garcia y demás que tan buenas sensaciones llevan dando estas dos últimas temporadas. El nombre de Greene no ha salido a la palestra porque firmó un contrato con los Rockets el pasado 14 de julio, y por reglas de la liga un jugador no puede incluirse en un traspaso menos de un mes después de firmar. En cuanto a Jackson, es un buen base suplente, veterano de mil batallas, y un microondas que puede revolucionar cualquier partido desde la línea de tres puntos. Además, ya jugó en Sacramento cuatro años, así que sabe adónde va.
Sin embargo, la parte más jugosa del pastel en este traspaso se la llevan los Rockets, obviamente. A estas alturas de la historia, todo equipo sabe lo que se lleva si ficha a Artest: uno de los jugadores más desequilibrantes de la liga… en todos los sentidos. Anotador, auténtico carpanta defensivo y hombre multiusos capaz de hacer un poco de todo. Es un prodigio físico con buena mano, que el año pasado se fue a más de 20 puntos y 5 rebotes por partido, que no está nada mal. Sin embargo, mentalmente es bastante más inestable. Bocazas vocacional (en eso está entre los mejores de la liga, sólo a la altura de Gilbert Arenas), es un jugador impulsivo y volátil. Fue uno de los principales protagonistas de la ya legendaria pelea en el Palace de Auburn Hills, en la que algunos jugadores, Artest incluido, invadieron las gradas del estadio de los Pistons y se pusieron a zurrar a los asistentes. Pero tan vergonzosa y bochornosa actuación es sólo la punta del iceberg en el caso de Artest, que acumula multas, sanciones y desplantes a lo largo de su carrera como quien colecciona sellos.
Aun así, deportivamente es un gran fichaje para los Rockets. Con él, Tracy McGrady contará por fin con una buena compañía en el juego exterior de los Rockets, y si las lesiones respetan a Yao Ming, Houston tendrá un quinteto inicial auténticamente temible, tanto ofensiva como defensivamente: con dos perros de presa como Artest y Shane Battier, más de un jugador exterior rival acabará la noche amargado. Si a eso añadimos la solidez y fiabilidad en el puesto de playmaker de Rafer Alston, la casta y entrega de Luis Scola, el prometedor talento de Carl Landry y las cosas que pueda aportar gente como Luther Head, nos encontramos con una plantilla francamente sólida que, me atrevo a decir, podría llegar a pelear por todo el año que viene. No olvidemos que este mismo equipo sin Artest ganó 22 partidos consecutivos el año pasado en temporada regular. Con Artest, o más bien con un Artest centrado, pueden dar mucho, mucho miedo. (Acabo de acordarme de que por allí anda también Steve Francis… pero ni siquiera sé si Franchise cuenta para algo en los planes de Adelman).
En fin, que parece que a los Lakers, Spurs, Mavericks y demás potencias del Oeste les acaba de salir un más que inquietante rival. Y es que parece que la exitosa estrategia de los Celtics de acumular estrellas rápidamente para asaltar el título de inmediato ha creado escuela en la liga. Justo lo que le faltaba a la Conferencia para estar un poco más apretadita…