Algunos habréis oído la historia de Brandon Jennings. Sí, el chaval de instituto que, ante la reglamentación por edad de la NBA, decidió dar el salto a Europa y empezar a jugar a primer nivel por aquí, en la Virtus de Roma. Su traspaso ha causado un gran revuelo a ambos lados del Atlántico, y con razón: si sale bien, las relaciones a nivel de fichajes entre la NBA y Europa podrían no volver a ser nunca las mismas.
Brandon Jennings era una de las mayores promesas del baloncesto de instituto americano. El chaval, un base de 1,80 de estatura, llamó la atención de media América con su juego, y a sus 18 años, y una vez finalizado el instituto, tendría que haberse incorporado a la universidad (y a los Arizona Wildcats) para esta temporada. Su intención había sido presentarse al draft de 2008. Desgraciadamente para él, el reglamento de la NBA impide a un jugador ser elegible para el draft hasta que no tenga 19 años y lleve un año fuera del instituto. Así que, en circunstancias normales, Jennings debería haber jugado este año en la universidad… pero ha decidido no hacerlo. Ha decidido tomar un camino que nadie había tomado hasta ahora, y que pronto podría estar muy transitado. El pasado mes de julio, Jennings anunció que fichaba por el equipo italiano de la Virtus de Roma. Los expertos de la NBA, del baloncesto norteamericano en general, no daban crédito a sus ojos: su joya en bruto rompía la baraja y tomaba un rumbo que nadie había previsto hasta entonces.
Jennings firmó por tres años con el equipo italiano, con cláusulas que le permiten saltar a la NBA al finalizar cada temporada si él lo considera necesario. Porque, no nos engañemos, él quiere jugar en la NBA. Lo único que ha hecho ha sido cambiar de ruta: en lugar de pasar por el baloncesto universitario, con sus numerosas particularidades, ha decidido pasar directamente al “baloncesto de mayores” europeo, donde él sabe que aprenderá bastante más, y donde además aprenderá conceptos más colectivos que individuales. Si es algo que se le ha ocurrido a él solo, es sin duda un rara avis en su clase. No debe de haber muchos jugadores de instituto que tengan ese concepto del baloncesto europeo.
Saltemos un par de meses hacia adelante, hasta la actualidad. Brandon Jennings está cómodamente instalado en Italia, donde ahora mismo prepara la pretemporada junto al resto de su equipo. Y, para sorpresa de algunos, que esperaban verle arrepentido ya a estas alturas, por ahora parece encantado de su decisión. Sostiene que la vida en Italia no es tan diferente a la que tenía en los Estados Unidos, y que sólo echa de menos una secadora (“Tenemos que colgar la ropa en tendedero”). Así que no parece que vaya a volver con el rabo entre las piernas a Estados Unidos, al menos no próximamente. Sus declaraciones son muy claras: “Sé lo que dicen todos, porque me lo han dicho incluso mis amigos. Que voy a fracasar. Que la influencia de una cultura diferente afectará a mi juego. Me habría encantado jugar en la universidad, sé que habría aprendido mucho allí. Pero aprenderé mucho más aquí.”
Sí, él parece tener claro lo que ha significado su salto a Europa. Y no es el único. El rendimiento de Jennings en Italia, el funcionamiento de este “experimento”, será vigilado de cerca por muchos ojos, tanto norteamericanos como europeos. Si Jennings demuestra que alguien tan joven se puede adaptar al juego europeo, pronto empezarán a aparecer equipos dispuestos a llevarse a las jóvenes promesas norteamericanas a Europa. Europa le ha perdido el miedo a la NBA, respaldada por el poder del euro, y si algunos equipos se han atrevido a “tocar” a superestrellas de la NBA, ¿por qué no van a atreverse con chavales de instituto? A ciertos sectores del baloncesto norteamericano no les debe de llegar la camisa al cuerpo: el baloncesto universitario sufrió un duro golpe cuando Kevin Garnett (re)abrió la moda de saltar directamente del instituto a la NBA en 1995. David Stern tuvo que reaccionar implementando las restricciones por edad que ahora han mandado a Jennings a Europa. Si Jennings triunfa aquí, tanto la NBA como las universidades tendrán algo más importante de qué preocuparse: los clubs europeos, que no se ven afectados por las reglamentaciones impuestas por la NBA.
En Europa no existen limitaciones por edad. Un jugador puede jugar a primerísimo nivel sin haber cumplido tan siquiera la mayoría de edad (ahí está Ricky Rubio), y hay muchísimos ejemplos de chavales de 18 ó 19 años que juegan toda la temporada con su equipo tanto a nivel nacional como en Euroliga, y dan la talla. Eso es lo que se va a encontrar Jennings aquí: libertad para jugar y un entorno ideal para crecer como jugador. Será una experiencia dura, sin duda, pero también mucho más enriquecedora a todos los niveles que un año en la universidad. Él lo sabe, y afronta el reto con humildad, pero con plena consciencia de lo que signifca su salto a Europa: “Sé que esto va en serio. Soy el primer chico de instituto que viene a jugar a Europa sin pasar por la universidad. Sé que mucha gente, muchos chicos, están pendientes de ver cómo me va. Si hago lo que se supone que tengo que hacer aquí, volveré a los Estados Unidos como un jugador mejor. Tengo la oportunidad de cambiar el baloncesto. (…) Esto es el baloncesto profesional, nadie va a hacerme de niñera. Tengo que demostrarme a mí mismo que valgo. Y tengo que hacer saber al resto de mi equipo que he venido para ayudarles a ganar. No quiero que piensen que sólo soy un chaval americano impetuoso que quiere acumular protagonismo para llamar la atención de la NBA”.
Interesantes declaraciones, sin duda. Habrá que ver qué hace Jasmin Repesa (entrenador de la Virtus) con Jennings. Habrá que ver cómo le cuida el equipo, y cómo reacciona él a lo largo del año. Es probable que finalizada la temporada se presente al draft, tanto si se ha adaptado a Europa, a su juego y a su modo de vida, como si no. Sin embargo, si el experimento funciona bien, aunque sólo sea por este año, Jennings podría, como él mismo reconoce, cambiar el funcionamiento del mercado del baloncesto en los próximos años. Así que habrá que seguirle la pista muy de cerca durante toda la temporada…

